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RSS | ed. impresa | Regístrate | Miércoles, 22 octubre 2014

Internacional

MUNDO

Exigen que la comunidad internacional adopte medidas para paliar la situación de marginación, pobreza y racismo que padecen sobre todo en la Europa ex comunista

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DV. «Nuestras condiciones de vida son muy duras, sufrimos el rechazo de la sociedad y la violencia de los extremistas y ni siquiera respetan nuestro dolor por el genocidio que sufrimos durante la Segunda Guerra Mundial». Quien así se expresa es la organización gitana Roma Realia de la República Checa, el país que ejerce la presidencia de turno de la UE y uno de los más prósperos y cultos de la antigua Europa comunista. El texto reproducido es parte de la carta que esta asociación hizo llegar a Barack Obama el pasado febrero.
El presidente de Roma Realia, Václav Miko, considera muy positivo que la misiva llegara al mandatario demócrata, porque «es una manera de que la comunidad internacional preste mayor atención a la dramática situación de los gitanos en la República Checa». En el escrito se denunciaba la violencia que han desatado contra los gitanos los grupos de ultraderecha y que en el lugar donde se encontraba el campo de concentración de Lety (Bohemia del sur), en vez de edificar un monumento a las víctimas de esta etnia por las atrocidades del nazismo se ha construido un criadero de cerdos.
Pero nada ha cambiado tras dirigirse al inquilino de la Casa Blanca para los gitanos checos, unos 200.000. Todo lo contrario: una ola de racismo antigitano recorre Chequia desde hace dos semanas. En Vítkov, en la región de Moravia, un cóctel molotov contra una vivienda dejó gravemente herida a una niña de dos años y en Ústí nad Labem (Bohemia del norte), donde existe un gueto gitano, una manifestación de neonazis recordó que los gitanos no son bienvenidos.
En los últimos meses, la extrema derecha ha organizado concentraciones contra los judíos y gitanos en localidades como Litvinov, Prerov, Krupka o Brno, la segunda ciudad del país centroeuropeo, y el neofascista Partido Nacional Checo quiere entregar billetes de avión a los gitanos para que se vayan definitivamente. En Bohemia del norte, miles de familias gitanas sin trabajo ni recursos viven de la caridad pública y las organizaciones de derechos humanos como Pueblos en Destreza temen «un estallido populista» en municipios como Chomutov.
Círculo vicioso
Mientras, unos 1.300 gitanos se han marchado a Canadá y muchos más lo podrían hacer en los próximos meses. «Quizás no hemos sabido reaccionar a tiempo, quizás el Gobierno debería ser más contundente, pero la verdad es que la situación empeora poco a poco», reconoce Michal Kocáb, ministro saliente de Derechos Humanos y Minorías Étnicas. Chequia es un país donde, según la Liga de los Derechos del Hombre (LIGA), muchos menores gitanos son escolarizados en colegios para «enfermos mentales» y la esterilización forzosa de las mujeres, una práctica que instauró el comunismo para limitar la natalidad, «no ha desaparecido, aunque ya no es una política oficial». La LIGA afirma que el 70% de los gitanos no consigue salir del círculo vicioso de la pobreza, el paro y la falta de educación. Unos 100.000 viven en 300 guetos diseminados por toda la geografía checa.
La situación de los gitanos, un pueblo originario de India que llegó a Europa hace mil años, es parecida a la de otros países de la Europa poscomunista. Perseguidos, sometidos a la servidumbre y marginados durante siglos, y parte de ellos exterminados por los nazis, muchos se asentaron en zonas de Europa occidental como España, Francia y Portugal y oriental, sobre todo en Chequia, Eslovaquia, la antigua Yugoslavia, Hungría, Rumanía y Bulgaria, así como en Turquía. Su situación en los países ex soviéticos es bastante peor que en el oeste. Tanto es así que la UE organizó una cumbre en septiembre de 2008 sobre esta cuestión. Las conclusiones a las que se llegaron son: la mayoría de los gitanos vive en la pobreza en las regiones poscomunistas y el 50% de los niños no acaba sus estudios primarios. Según la UE, la política que llevan a cabo estos países es «una máquina que produce exclusión social».
Los niños gitanos del este de Europa son los más vulnerables. No hace falta recurrir a las estadísticas para saberlo. Basta con recorrer las calles de Bucarest, Budapest o Sofía, o adentrarse en muchos pueblos de la Eslovaquia profunda, para encontrarse con niños escuálidos y harapientos mendigando o esnifando pegamento. El espectáculo de esos cuerpos envejecidos prematuramente, de esas cabecitas rapadas y ojos legañosos, es desgarrador y puede hundir al más pintado en un profundo desánimo. Muchos de estos desposeídos a los que el ciudadano medio mira con desprecio son víctimas de sus propias familias y de las poderosas mafias de tráfico humano, cuyo objetivo es enriquecerse a cambio de explotar, maltratar, prostituir e incluso matar a los niños.
A este terrorífico panorama también se apuntan respetables ciudadanos bien vestidos y alimentados e incluso servidores públicos. El pasado abril, seis policías eslovacos fueron despedidos tras aparecer en varios vídeos abusando de menores gitanos. Los chavales, de entre 11 y 16 años, habían robado el bolso de una mujer en la ciudad de Kosice, en el este de Eslovaquia. Los agentes que los detuvieron, según la investigación, obligaron a los menores a pegarse, una práctica que usaba a menudo la Policía comunista rumana contra los detenidos políticos, besarse y desnudarse.
Rechazo social
En Eslovaquia viven unos 500.000 gitanos, muchos de ellos en chabolas sin agua corriente y electricidad y en situación de pobreza y marginación. En 2006, sólo el 3% de los menores gitanos eslovacos consiguió superar la educación secundaria, y muchos, como ocurre en la vecina Chequia, han sido escolarizados en centros para discapacitados. La situación en Hungría, donde viven unos 800.000 gitanos, no es mejor y la crisis económica ha incrementado el rechazo social. Hace unos meses, una pareja fue asesinada y su casa incendiada, en un pueblo de 900 habitantes al noreste de Budapest. La Policía no descartó la pista del crimen racista, ya que el país ha vivido «numerosos ataques de esta naturaleza», según denunció la eurodiputada gitana húngara Viktoria Mohacsi. «Tenemos que cambiar el trato a los gitanos», manifestó el presidente Laszlo Solyom.
La situación de pobreza, marginación y rechazo social es especialmente dura para los gitanos de Rumanía (530.000) y Bulgaria (850.000), porque ambos países son los más atrasados de la UE, y para los de Macedonia y Serbia, que aún no pertenecen al selecto club europeo. Pero en Rumanía los gitanos empiezan a organizarse para pedir mejores condiciones de vida, trabajo, integración social y respeto a sus particularidades culturales. A veces, protestan ocupando viviendas para llamar la atención sobre su dramática situación, como ocurrió hace unos meses en un céntrico hotel abandonado de Bucarest. Otras, creando asociaciones culturales, abriendo bares u ofreciendo servicios a los ciudadanos.
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