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PLAZA DE GIPUZKOA

01.05.09 -

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Superviviente; testigo directo, supongo, de muchas alegrías y de muchos dolores, que todo va junto; es una muestra de la capacidad del ser humano para enfrentarse, no a su destino, sino a su propia esencia, que no es otra que la de quien ha transitado por las avenidas rancias del siglo pasado y ha salido ileso del intento. Quedan secuelas, claro.
Hay palabras que hace tiempo que no quieren decir lo que se les atribuye. Podemos hablar de rock and roll, pero sería como hablar del vacío eterno, de la irreversibilidad del tiempo, de la densidad de los sentimientos, de la profundidad de los afectos, de la omnipotencia de los dioses, de la traición de los amigos, de la furia de los volcanes, de la longitud de onda, del silencio de los océanos, de la verdad de la literatura, de la gripe porcina, realidades todas ellas, más o menos cercanas y más o menos hirientes, pero que son como átomos, ejes en la carreta del tiempo que chirrían y chirrían, hasta que nos acostumbramos, y seguimos adelante.
Decir que el mundo tiene remedio es lo mismo que decir que no lo tiene; vaya usted a saber. Significa escaparse de la cuestión primordial: qué hacemos aquí.
Neil Young probablemente tampoco sepa cómo y por qué ha llegado a la edad que ha llegado, sufriendo tanto desgarro. Habrá quien diga que es milagro, o puro azar, como si hubiese algo puro ya. Pero su guitarra suena, como si fuese la de un joven recién iniciado en las artes de la vida y de la ilusión. Ahí está la diferencia. Ojo; viene a la ciudad.
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