
Para 2010 no podrán ofertarse plazas de nuevo ingreso en primer curso para las titulaciones de Licenciado, Diplomado, Arquitecto, Ingeniero, Arquitecto Técnico e Ingeniero Técnico./ Archivo
La adaptación de España al Plan
Con la nueva normativa, las titulaciones universitarias que se ofertan se dividen en dos grupos. Por un lado, los estudios de grado. Equivalentes a las actuales diplomaturas y licenciaturas, el número de créditos ECTS necesarios para ser graduado variará en función de las titulaciones entre 180 (tres cursos) y 240 (cuatro).
Por otro lado, los estudios de postgrado. En él se incluyen los máster y doctorados. Aunque conservan la denominación con la que se identifican en el sistema actual, su transformación es una de las más relevantes dentro del nuevo espacio europeo. El máster dejará de ser un título propio, es decir, reconocido sólo por el centro de origen, y pasará a ser oficial. Su duración será de uno o dos cursos (60 ó 120 créditos ECTS) y, junto a su carácter de formación especializada, se convertirá en requisito imprescindible para acceder a una mayor preparación investigadora para la obtención del título de doctor. De hecho, se fijará en 300 créditos europeos de grado y postgrado el mínimo necesario para acceder al doctorado.
Asimismo, está previsto que se extingan las actuales titulaciones, de tal modo que en el curso académico 2010-2011, no podrán ofertarse plazas de nuevo ingreso en primer curso para las titulaciones de Licenciado, Diplomado, Arquitecto, Ingeniero, Arquitecto Técnico e Ingeniero Técnico. En este punto, cabe resaltar que los estudiantes que hayan obtenido sus títulos con anterioridad "mantendrán todos sus efectos académicos y, en su caso, profesionales".
La Carta Magna Universitaria y la Declaración de la Sorbona sentaron las bases de la actual reforma educativa
En total, 46 países han adaptado su normativa y sistemas de enseñanzas a lo establecido en la Declaración de Bolonia
El 18 de septiembre de 1988 la comunidad universitaria europea, reunida en Bolonia para conmemorar el IX Centenario de su Universidad, firmó la conocida
Carta Magna Universitaria, que marcó el inicio del actual proceso educativo. En ella, se sentaron los principios básicos de la reforma: la libertad de investigación y enseñanza, la selección de profesorado, las garantías para el estudiante y el intercambio entre universidades (el
programa ERASMUS).
Tal y como reza el documento -al que se han adherido más de 600 centros de todo el mundo-: "las universidades alientan la movilidad de los profesores y de los estudiantes, y estiman que una política general de equivalencia en materia de estatutos, de títulos, de exámenes y de concesión de becas, constituye el instrumento esencial para garantizar el ejercicio de su misión contemporánea".
Nueve años después, la semilla plantada en Bolonia comenzó a dar sus frutos. En la
Convención de Lisboa, celebrada el 17 de abril de 1997 en la ciudad lusa, los miembros del Consejo Europeo reconocieron las cualificaciones obtenidas en educación superior en Europa, que sirvió de apoyo a los ministros de Educación de Francia, Alemania, Italia y el Reino Unido para suscribir en París, el 25 de mayo de 1998, la llamada
Declaración de la Sorbona. En ella, se instaba al desarrollo de un Espacio Europeo de la Educación Superior (EEES) cuyos objetivos prioritarios eran: facilitar a los universitarios el acceso a una mayor variedad de programas y disciplinas, un mayor perfeccionamiento de los idiomas y de las habilidades en tecnologías de la información, fomentar el reconocimiento internacional de la titulación basada en ciclos y alentar la estancia de estudiantes y personal docente en centros ubicados fuera del país de origen.
De la Sorbona a Bolonia, de nuevo
Un año más tarde, el camino hacia un nuevo espacio europeo era ya una realidad. El 19 de junio de 1999, los ministros de Educación de 29 países, incluido España, sentaron en la
Declaración de Bolonia las bases para la construcción del citado EEES conforme a unos principios de calidad, movilidad, diversidad y competitividad. Para ello, se marcaron como objetivo "la adopción de un sistema de titulaciones fácilmente comprensible y comparable", dividiendo las carreras en "dos ciclos principales": un primer ciclo de al menos tres años que permitiría obtener el título de grado y un segundo ciclo que permitiría obtener la maestría y el doctorado.
Asimismo, la Declaración establece la "promoción de la movilidad" a través de un sistema de créditos, como el ETCS, y el "fomento de la calidad de la enseñanza universitaria a través de criterios y metodologías comparables". También incluye la promoción de una dimensión europea de la educación superior.
Desde entonces, al llamado Proceso de Bolonia, que culminará en 2010, se han incorporado 46 países que han ido adaptando paulatinamente su normativa y sistemas de enseñanzas universitarios a la consecución de estos principios.