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RSS | ed. impresa | Regístrate | 9 febrero 2010

Política

POLÍTICA

El Ejecutivo central desconfía de la capacidad de Arnaldo Otegi para conducir al mundo radical hacia la desaparición del terrorismo «Mereció la pena», dijo ayer Zapatero en referencia al último proceso

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El Gobierno descarta reabrir una vía de diálogo para forzar el final de ETA
López deposita una rosa en el monolito en recuerdo a dos militantes socialistas de Portugalete. /M. TOÑA / EFE
DV. El Gobierno central descarta por completo reabrir la vía de diálogo con ETA, en la legislatura en la que el socialista Patxi López asumirá la Lehendakaritza, para forzar o acelerar el final del terrorismo. El Ejecutivo que preside José Luis Rodríguez Zapatero excluye de forma taxativa reanudar un proceso de conversaciones similar al desarrollado en la pasada legislatura. «La palabra negociación está excluida del diccionario del Gobierno», sostienen fuentes gubernamentales.
Zapatero señaló ayer en La Coruña que tras el intento de acabar con la violencia en Euskadi, «hoy ETA está más débil y por primera vez habrá un lehendakari no nacionalista». A su juicio, el último proceso fue «una tarea que merecía la pena».
El empeño del Ejecutivo central es neutralizar la expectativa de una posible vuelta a la negociación que puede apadrinar Arnaldo Otegi en el seno de la izquierda abertzale. En su opinión, el último proceso demostró la incapacidad de los dirigentes de la disuelta Batasuna para conducir a ETA hacia el final de la violencia y sería un gran error en este momento alimentar la expectativa de un nuevo proceso, posibilidad alentada desde un sector de la izquierda abertzale precisamente cuando los socialistas están a punto de llegar al Gobierno Vasco.
Y es que el regreso de Otegi al primer plano de la actualidad como referente de la izquierda abertzale ha abierto nuevas expectativas sobre posibles cambios en esta relación de fuerzas y sobre los apoyos que pueden tener sus tesis en el mundo de ETA. De hecho, se maneja la hipótesis de que este regreso al primer plano se sustente también en la hipótesis de un presumible regreso de Josu Urrutikoetxea, Josu Ternera -interlocutor en el último proceso, pero desplazado por la línea dura del aparato político-militar en la recta final de las conversaciones- a los circuitos de influencia en el seno de ETA.
El rechazo del Gobierno a reeditar cualquier proceso similar de conversaciones se sustenta en el análisis de que ETA perdió en la pasada legislatura su gran «oportunidad histórica» y que lo que le corresponde ahora al Estado de Derecho es acentuar al máximo una batalla por la deslegitimación social y política de la violencia. Para ello, sostienen que resulta clave estrechar la cooperación con el nuevo Gobierno Vasco que presidirá Patxi López, y en especial con el trabajo que realice el consejero de Interior, Rodolfo Ares, al frente de la Ertzaintza.
El Ejecutivo socialista piensa que el apoyo de la izquierda aber-tzale sociológica al terrorismo de ETA ha descendido vertiginosamente desde la ruptura del último proceso de paz. En ese sentido, se considera que la debilidad operativa de ETA, a pesar de la posibilidad de que cometa atentados terroristas, y la propia situación del entorno político ilegalizado (Batasuna, EHAK, ANV, así como las listas de D3M y de Askatasuna) han encendido hace meses las luces de alarma en la izquierda abertzale radical sobre la viabilidad o no de la violencia.
Cautela policial
Sin embargo, pese a que el ministro del Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba, ha admitido que en el seno de la misma ETA existe un debate sobre la continuidad o no del terrorismo, otros medios policiales son más cautos a la hora de evaluar las discrepancias internas en la organización terrorista. El debate no se sitúa tanto entre quienes quieren dejar o no las armas, matizan, sino entre quienes están dispuestos o no a explorar un nuevo proceso de negociación.
Que en el seno de la izquierda abertzale existe una corriente que, frustrada por el fracaso del último proceso, defiende una estrategia política sin violencia no es del todo una novedad. Que este sector quiere evitar una derrota de ETA y busca una salida 'digna' que posibilite una integración del abertzalismo radical a cambio de concesiones políticas, tampoco. El problema es que se desconoce de verdad si esa corriente tiene en este momento peso real en la dirección de ETA, en donde la relación de fuerzas es una variable inestable. Además, ya se sabe que en ETA históricamente las discrepancias siempre han sido zanjadas por los sectores más duros y fanatizados.
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