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RSS | ed. impresa | Regístrate | Jueves, 9 febrero 2012

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EIBAR 2 - zaragoza 3

Los armeros estuvieron a punto de doblegar a un Zaragoza que se vio superado en un partido marcado por la penosa actuación arbitral
26.04.09 - 02:28 -

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eibar. DV. El Eibar no pudo volver a soñar. Claro que es difícil entrar en un sueño profundo si cada dos minutos te despiertan, te interrumpen y no te dejan conciliar el sueño. Los armeros sabían que ayer pasaba posiblemenmte el último tren hacia la salvación, y salieron a morder. Cometieron sus clásicos errores, perdonaron lo imperdonable, pero para nada merecieron perder. El colegiado Melero López se cargó de un plumazo toda la ilusión de una ciudad. Primero, no expulsando a Herrero en una acción que debería servir de vídeo de ejemplo en las clases arbitrales. Después, no señalando falta en el segundo gol del Zaragoza, y por último pitando todas las faltas a favor de los visitantes.
Si ocurre una vez, se puede pensar en mala suerte, pero si sucede en tres partidos consecutivos, es para pensar en algo más. No es normal que un equipo que sólo pide respeto, tenga que luchar contra todo un Zaragoza y uno más durante noventa minutos. De cualquier forma, y éso es lo positivo, la afición azulgrana aplaudió a su equipo al terminar el partido. Si hay que bajar de categoría, que sea de esta forma. Luchando hasta la extenuación y haciendo a los seguidores sentirse orgullosos de su equipo.
El choque fue muy loco de principio a fin. La empanada que acompaña a los armeros en los inicios de partido volvió a hacer acto de presencia, cuando Gabi remataba solo al fondo de la red un buen balón de Jorge López. Era el minuto siete. Poco después, llegó la jugada que pudo haber cambiado el sino del partido. Herrera derriba por detrás a Insa en el centro del campo, con el balón a dos metros y sin opciones de jugarlo. Roja directa como una casa. Para todos, menos para uno. Melero mostró la amarilla y a seguir jugando. Aún así, el Eibar no se vino abajo, pero volvió a demostrar en la primera parte que su historia de amor con el gol terminó hace mucho tiempo, si es que alguna vez existió. Hasta tres ocasiones, a cual más clara, llegaron a fallar Germán, Insa y Arruabarrena.
Ahí está la diferencia. El Zaragoza sí que aprovechó la suya en un córner, aunque lo hizo marcando tras una clarísima falta sobre Añibarro. El propio jugador reconocía que la acción había sido flagrante.
Gran reacción
Con este panorama se llegó al descanso. Y claro, con los antecedentes goleadores, pocos creían en la remontada. Nadie, excepto los jugadores, que estaban a tope y motivadísimos. Y eso que aún faltaba un varapalo, el de la lesión de Biel Medina, cuyo alcance se conocerá hoy, pero que no tiene para nada buena pinta.
Con todo en contra y con ese pedazo de equipo enfrente, el Eibar se fue para arriba y ahogó completamente al Zaragoza. El primer golpe al rostro llegó desde la cabeza del más pequeño, Germán Beltrán, que cabeceó a la red un centro medido de Codina para acortar diferencias en el marcador. El boxeador del peso pluma había enviado a la lona al peso pesado. Éste se levantó, pero no tardó en volver a caer. Lo hizo en el momento en el que Añibarro establecía el empate. Los maños parecían estar hundidos, sin reacción y a punto de caramelo para recuperar la cartera que le habían robado al Eibar en la primera mitad. Pero claro, los golpes de los pesos pesados te noquean, y Arizmendi sentenció el partido sólo dos minutos después tras un error defensivo de los locales que permitieron una contra de libro de los de Marcelino.
De ahí hasta el final del partido, aún el Eibar tuvo dos ocasiones más para haber, al menos, igualado la contienda, pero sendos cabezazos de Insa y Germán no lograron traspasar la portería de un atareado Toni Doblas.
Así se llegó al final del partido. Con los jugadores armeros quejándose amargamente al árbitro, y la afición aplaudiendo el tesón, la garra y la entrega de los suyos. La actitud ayer fue, sencillamente, ejemplar. Los puntos ya nunca volverán, pero las sensaciones fueron relamente buenas. El Eibar hizo lo que se le pide. No rendirse nunca, no dar un balón por perdido y creer siempre en sus posibilidades, por remotas que sean.
No hay duda de que, tras la derrota de ayer, la permanencia enSegunda se ha convertido en algo casi imposible, pero si el equipo tiene que descender de categoría, al menos que lo haga de esta manera, logrando que su afición se siente orgullosa.
Pese a que Uribe pueda creer que todavía es posible, lo más sensato parece comenzar a preparar la próxima temporada con tiempo y acierto. Ganar siete de ocho, y encima con los árbitros en contra, se antoja misión imposible, con lo que ahora queda dar la cara en todos los partidos, sumar los máximos puntos posibles y dejar un buen sabor de boca en cada uno de los partidos que restan por disputar. Es mejor morir que perder la vida. Y, como reza el titular de esta crónica, si hay que morir, que sea matando.
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