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RSS | ed. impresa | Regístrate | Miércoles, 22 octubre 2014

Cultura

FRANCISCO JAVIER IRAZOKI ESCRITOR

El escritor navarro presenta hoy 'La nota rota', cincuenta retratos literarios de músicos de todos los tiempos
21.04.09 -

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«Todos los músicos a los que he retratado son militantes de la duda»
Irazoki (Lesaka, 1954) vive en París desde 1993. Su nombre se encuentra ya entre las voces más apreciadas de la poesía española actual. Su anterior libro de prosa poética, Los hombres intermitentes, consiguió el elogio generalizado entre la crítica y un buen número de ventas. Ahora publica La nota rota, cincuenta semblanzas sobre músicos de épocas muy diferentes con una nota en común: la pasión por la música y la libertad.
- ¿'La nota rota' es un deseo de invitarnos a sus placeres musicales?
- Es el quinto libro que me han publicado, y el primero que no es de poemas. En efecto, no quise plasmar directamente mi mundo más íntimo, sino compartir goces musicales. De ahí que en las semblanzas aparezcan los títulos de las obras con las que sentí mayores placeres. Cada frase está dirigida a un lector anónimo que quizá después busque los discos para su disfrute.
- ¿Qué tienen en común músicos tan diferentes y de épocas tan diversas?
- Todos los músicos a los que he retratado son militantes de la duda, rechazan las ataduras de la convención artística y no admiten otro amo que la libertad. Medievales, renacentistas, barrocos, jazzmen, flamencos o vanguardistas inclasificables, forman una manada de lobos musicales. También los une la obsesión por el trabajo. Hasta en pleno calvario de las adicciones, John Coltrane o Miles Davis siguieron perfeccionando su arte.
- La mayor parte de los músicos de los que habla pertenecen a lo que se conoce como música clásica y jazz.
- A mi juicio, son quienes más veces han estado hurgando en los límites de la expresión, e incluso han creado belleza en el extravío. Para los mejores de entre ellos, la música es un pozo ahondado por las preguntas humanas.
- ¿Ha descubierto a alguien en el proceso de escritura?
- Ya había escuchado Viderunt omnes, la obra de Pérotin, antes de comenzar a escribir mi libro, pero desconocía las escasas huellas de la vida de ese autor tan misterioso. Ni siquiera en su país, Francia, han hecho esfuerzos importantes por desenterrar las joyas sepultadas de un compositor del siglo XII.
- ¿Por qué los textos son tan breves?
- Dedico cuatro o cinco páginas a cada músico. Opino que la verborrea es lo más alejado de la buena música.
- ¿Convertir la música en palabras es una complicada alquimia?
- Prácticamente imposible. A pesar de que, cuando la música abandona el Barroco y llega el periodo clásico, se vuelve más vertical y una mayor complejidad armónica y un ritmo menos fluido permiten la confesión personal. Años después, como me explicaba un profesor de Armonía, la música es el psiquiatra de Mahler: leemos su vida en las partituras. Se supone que entonces la música se acerca a las definiciones de nuestras pobres palabras, pero.
- ¿Es un libro más para aficionados a la música o a la lectura?
- Hay muchas personas en las que coinciden las dos pasiones. Intenté cuidar la escritura como si fuese la de un libro de poemas en prosa.
- Entre los cincuenta que cita, dígame el mayor genio.
- No me gusta la palabra genio. Sólo me parece humana y creíble en la definición del conde de Buffon, que dijo aquello de «la genialidad es una larga paciencia». De los autores que incluyo en el libro, admiro especialmente al renacentista Josquin Desprez. Varias de sus obras están a la altura de las de Bach, mi compositor predilecto. Y, como en Bach, la música de Desprez se adapta a los cambios de nuestro ánimo. Si estamos tristes, las notas tienen idéntica tristeza. Ese mismo fragmento escuchado con euforia revela una gran alegría.
- ¿Y el más incomprendido?
- Beethoven. Su talento pasó inadvertido a Mozart y Haydn, que fueron sus profesores. La sociedad vienesa lo consideraba un harapiento lector de místicos indios. Empezó a quedarse sordo a los 26 años, y el progresivo aislamiento le dio una libertad creativa que aún no hemos entendido del todo.
- ¿Los que más han influido en las generaciones posteriores?
- Guillaume de Machaut, que cambió el arte lírico y puso las bases de las misas sinfónicas posteriores; Claudio Monteverdi, que fundó la modernidad barroca; Ludwig van Beethoven, principal guía de los compositores contemporáneos; y en el jazz, Thelonious Monk, que usó con gracia la nota fallada deliberadamente.
- ¿El que no llegó a dar todo lo que tenía dentro?
- Sin duda, Jimi Hendrix. Murió a los 27 años y, sin ser un jazzman, sus innovaciones paralizaron al dios Miles Davis, mientras un acomplejado Mike Bloomfield abandonaba la música durante varios meses. Se dice que, con rebeldía imprevisible, Hendrix pensaba adentrarse en el jazz.
- Fue periodista musical en Madrid durante la segunda mitad de los años setenta. Vive en París desde 1993. ¿Qué opinión tiene de la música actual en España y Francia? ¿Hay comparaciones?
- Depende del género musical. Francia cuenta actualmente con unos excelentes músicos de jazz, con Michel Portal al frente. Aunque en España continúa activa la generación de autores que encabeza Luis de Pablo, todavía es raro el espíritu abierto de Pierre Boulez, que estrenaba las obras compuestas por Frank Zappa. Naturalmente, la calidad del buen flamenco no tiene equivalente en la música francesa.
- ¿Qué opina de la polémica sobre la muerte de la industria musical a causa de internet y las descargas de música llamadas ilegales?
- No tengo las ideas claras al respecto, pero me disgusta que la demagogia y el insulto impidan el diálogo con un hombre de la talla de Teddy Bautista. Ha faltado seriedad en el análisis de esa extraña combinación de democracia y muerte. Ante la duda moral, sigo comprando los discos.
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