DV. «Nelson Mandela y el partido que salvó a una nación» es el subtítulo del libro El factor humano, en el que John Carlin cuenta con emoción y nervio periodístico cómo un partido de rugby, el de la final del Campeonato del Mundo de 1995, ayudó a cohesionar a Suráfrica tras el apartheid. Carlin estará hoy en San Sebastián, para presentar su obra, de la que Clint Estwood ya está rodando una versión cinematográfica, con Morgan Freeman en el papel de Mandela.
Rugby. En Suráfrica, el rugby era el deporte de los blancos, de los afrikaners. La mayoría negra no sólo no se identificaba con la selección, los Springboks, sino que animaba a sus contrincantes. Sin embargo, Nelson Mandela, a quien le tocó presidir un nuevo país lleno de desconfianzas y al borde de la guerra civil, se puso la camiseta de la selección. Supo ver que el rugby podía ser un factor de cohesión nacional. «Por eso -escribe Carlin- se había empeñado en convencer a sus propios partidarios negros de que abandonaran el justificado prejuicio de siempre y apoyasen a los Springboks. Por eso quería demostrar ese día a los afrikaners en el estadio que aquél era también su equipo, que iba a compartir con ellos el triunfo o la derrota».
El partido. El día en cuestión fue el 24 de junio de 1995. Suráfrica se enfrentaba a Nueva Zelanda en la final del Campeonato del Mundo de Rugby. Ganó Suráfrica y todo el país, por primera vez juntos los negros y los blancos, salió a celebrarlo. «Fue una terapia colectiva, un enorme baño de perdón, de reconciliación, de lágrimas, de unión», describe el periodista freelance John Carlin, que después de haber seguido durante cinco años la transición surafricana para The Independent, vio el encuentro en un pub de Washington rodeado de surafricanos.
¿Guerra civil? El libro considera que el partido «salvó a una nación» y alejó las amenazas de guerra civil. ¿Una afirmación excesiva? «Los titulares a veces simplifican la realidad, pero no cabe duda de que la final del Mundial de Rugby fue la última pieza de un puzle que Nelson Mandela construyó meticulosamente. Pero en todo puzle la última pieza es fundamental, precisamente para que quede completo. Después de aquel gesto, la gente que estaba dispuesta a iniciar una guerra se dio cuenta de que no iba a contar con apoyo civil».
Deslumbrante Mandela. El factor humano destila admiración hacia Nelson Mandela, que colaboró en el libro con su testimonio, como otras muchas figuras destacadas de la política surafricana. ¿No temió deslumbrarse ante el seductor Mandela, perder la objetividad? «Reconozco que Mandela me tiene deslumbrado, pero me tranquiliza comprobar que otros están más deslumbrados que yo. Para preparar el libro hablé con cuarenta personas, la mitad de ellos inicialmente enemigos de Mandela y algunos lloraban al hablar de él. Todos le admiraban.
¿Noble o pragmático? El líder negro tuvo la visión de que no podía quedarse en eso, en líder negro, que para asentar el cambio en Suráfrica debía perdonar el horror del apartheid y gobernar para todos. Preguntamos a John Carlin hasta qué punto movía a Nelson Mandela una sincera confianza en la bondad de las personas o un pragmatismo exacerbado. El periodista considera que «el pragmatismo es una palabra clave en Mandela, más aún que generosidad. Lo que pasa es que en él se da una convergencia entre el político pragmático y el hombre generoso y noble. Es imposible separar a ambos. Siempre busca el lado bueno a las personas. Mandela se entrevista con el jefe de los servicios de inteligencia del apartheid, el hombre más malo del mundo, y sabe que más allá de las circunstancias hay un ser humano y que, desde el respeto, siempre se pueden encontrar puntos en común».
Al cine. Hace tres años, cuando estaba realizando un reportaje en el delta del Mississippi, el periodista entró casualmente en un restaurante propiedad de Morgan Freeman. El actor de Cadena perpetua y Million Dollar Baby se encontraba en el local. Hablaron. Carlin estaba preparando el libro. Freeman siempre había soñado con encarnar a Nelson Mandela, de quien llegó a comprar los derechos para intentar adaptar su autobiografía. El encuentro fue la simiente para un proyecto ya realidad. El mismísimo Clint Eastwood dirige actualmente en Suráfrica la adaptación cinematográfica del libro, con Freeman en el papel de Mandela y Matt Damon como François Pienaar, el capitán de los Springboks. Carlin ha visitado recientemente el rodaje. «Morgan Freeman tiene una presencia física muy parecida a la de Mandela. Imita su voz y sus gestos perfectamente. Aunque he visto el rodaje, hay una parte de mí que aún no se cree que vaya a hacerse una película así sobre un libro mío».
Jungla de cristal. Curiosamente, será la segunda participación de Carlin en el cine. Un artículo suyo realizado para la revista Wired sobre el uso bélico de internet sirvió de base para el argumento de Jungla de cristal 4. Claro que el guión final de la película protagonizada por Bruce Willis acabó alejándose mucho del reportaje. En el caso de la película de Eastwood, aunque Carlin no ha participado en el guión, aprecia que «el espíritu del libro se mantiene».
Deportivo. Nacido en Londres de padre británico y madre española, John Carlin es un caso infrecuente de periodista que ha sabido combinar el periodismo político, como corresponsal o enviado especial, y el deportivo. Escribe en El País desde El corner inglés. Ayer, mientras hablaba telefónicamente con DV, esperaba en la Ciudad Deportiva del Barça para entrevistar a la estrella Messi. Hoy vendrá a San Sebastián para presentar su libro.
mgurpegui