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Pese a su pequeña producción, los nuevos directores rumanos acumulan premios y elogios
13.04.09 -

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El cine rumano se revela como la gran novedad del séptimo arte en Europa
Cristian Mungiu recibió el Goya a la mejor película europea por 'Cuatro meses...' /REUTERS
El nuevo cine rumano se está revelando como la gran novedad del séptimo arte en Europa. Rumanía vive en la actualidad una extraordinaria vitalidad cultural, pero, por desgracia, los tópicos sobre el país pesan más en el imaginario colectivo de los europeos que la nueva realidad de este país balcánico que acabó hace dos décadas con la dictadura comunista de Nicolae Ceasescu e ingresó en la UE el 1 de enero de 2007.
En la actualidad, el cine europeo habla rumano. O si se quiere, una nueva ola de jóvenes cineastas que comparten características comunes, como una mirada crítica y satírica sobre el pasado comunista y el presente capitalista, un estilo narrativo directo y lleno de frescura y un realismo que raya en el género documental, irrumpe con fuerza en el adormecido panorama cinematográfico europeo. La nueva ola rumana, que cosecha premios en muchos foros internacionales, se dio a conocer en el Festival de Cannes de 2007, cuando la película Cuatro meses, tres semanas y dos días, de Cristian Mungiu, recibió la Palma de Oro. Con esta película que aborda el tema del aborto en la época comunista, Mungiu, de 40 años, también ha sido galardonado en los Goya y en Los Ángeles y Estocolmo. Mungiu considera que los galardones recibidos son «un premio a una generación de cineastas que intenta divertir a los rumanos con otra cosa que el fútbol».
Otros premiados
El triunfo de Kiki, el apodo que le han puesto sus amigos, no fue único en Cannes. El premio Un certain regard (Una cierta mirada) recayó en el filme California dreamin, de Cristian Nemescu, que murió en un accidente de tráfico en 2006, a los 27 años. Su película, que recibió también otros premios como el Golden Iris de Bruselas, es una crónica humorística sobre una pequeña ciudad rumana que se enfrenta a un convoy de la OTAN. Cristian Puiu, de 42 años, el mentor de esta nueva generación de directores, también logró con su película La muerte del señor Lazarescu varios premios internacionales y Catalin Mitulescu, realizador de Cómo celebré el fin del mundo, fue premiado en Sundance.
El crítico de cine de The New York Times Tony Scott considera que la nueva ola rumana es «la novedad más apasionante en el cine europeo desde España en los años ochenta» y el periódico francés Libération califica a Cristian Mungiu de «genio de los Cárpatos».
El cine rumano sigue con su buena racha de la mano de directores como Adrian Sitaru (Pescuit sportive, en 2007), o el filme Francesca, del productor Bobby Paunescu, que explora el racismo que sufren los emigrantes rumanos en Italia a través de una historia trágica: la violación y asesinato de una joven italiana por el emigrante Nicolae Romulus Mailat. No está mal para una frágil e incipiente cinematografía que apenas produce diez o quince largometrajes al año. COLPISA
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