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Política

10.04.09 -

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«La vida es un relato en busca de narrador», Ésta es una de las máximas preferidas de Ángel Gabilondo, catedrático de Metafísica de la Universidad Autónoma de Madrid y, hasta hace pocos días, presidente de la Conferencia de Rectores. Atrás queda una prolífica trayectoria como escritor, que ha filosofado sobre el goce de la vida, sobre la alegría como «desafío», frente a los discursos «quejosos de la gente que siempre se está lamentando», sobre la juventud y la vejez, sobre el «peso y el paso de los años» o sobre la importancia de «saber mucho para ser sencillo», distinguiendo «la sencillez como resultado de la simpleza como estado primario».
Casado y con dos hijos, y quinto de nueve hermanos -uno de ellos el periodista Iñaki Gabilondo- el ministro de Educación que quería ser futbolista ha terminado siendo un filósofo de reconocido prestigio intelectual, afable y cercano en el trato. En su libro «Alguien con quien hablar», Gabilondo invita a buscar el calor en las relaciones humanas a través de «la palabra cercana y del afecto», ésa que atisba cuidadosa y a veces «llega a lo más intocable del otro».
«En una sociedad muy aislada, de supervivientes, encontrar ese espacio común es una necesidad determinante», asegura Gabilondo. A su juicio, es fundamental reivindicar el mundo de los afectos, de las emociones y de los sentimientos íntimos. «La palabra nos acerca, nos relaciona, nos vincula y muestra en ocasiones la distancia irreductible», dice.
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