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San Sebastián

08.04.09 -

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Se prohíbe todo tipo de espectáculos
Un día de Semana Santa en las calles de San Sebastián. En este caso la calle Andía.
Imposible abstraerse de la Semana Santa... Se vivía en el ambiente, en las calles, en las radios, en los cines, en los periódicos... Salir de vacaciones era algo que no se contemplaba como posibilidad... La música sacra sustituía a cualquier otra programación radiofónica y La túnica Sagrada, Quo Vadis, Barrabás o cualquier otra película de romanos ocupaba las carteleras.
Había pasado el Lunes y el Martes Santo... En EL DIARIO VASCO se recordaba que ayer era el día en el que antiguamente el Papa se reunía con los cristianos en Santa Prisca... por eso se hicieron las estaciones de Santa Prisca... Tampoco había muchas más cosas que hacer.
Lo publicaba EL DIARIO VASCO... y lo publicaban todos los periódicos... hasta hace poco más de treinta años: «Prohibición de espectáculos. Por orden del señor alcalde, que soy yo...» que diría José Isbert... «Por orden del Excmo. Sr. Ministro de la Gobernación...» que decía el Gobernador Civil, «queda prohibida la celebración de toda clase de espectáculos... hasta el Domingo de Resurrección»... Quedaban excluidos los conciertos sacros «u otros actos de índole análoga» y quien quiera celebrarlos «que pida permiso al Gobierno Civil en la capital y a los alcaldes en los pueblos».
Para los creyentes, en 1954, como Año Mariano, siempre estaba la posibilidad de asistir al sabático Rosario de la Aurora, que a pesar de lo que anuncia el dicho popular, terminaba siempre dentro del más estricto orden... Ahora que, ¡eso sí!, había que madrugar... Comenzaba a las seis y media de la mañana ¿o de la madrugada?... y no era uno, que eran muchos: muchos rosarios, tantos como iglesias había en San Sebastián.
De cada una de ellas partía la procesión de penitencia para llegar, a las siete de la mañana, a las puertas de Santa María «donde los donostiarras ofrecían este obsequio a la Virgen del Coro»... ¿Y el Vía Crucis de la Avenida?... Había que madrugar todavía más ¡a las cinco y media! Cierto es que acudían miles de personas... casi tantos miles como los que subían hasta el Castillo, ya fuera por San Telmo ya por los catorce caminos del palomar.
¿Sevilla?, ¿Andalucía?... ¡no!: San Sebastián. La fotografía adjunta corresponde a la calle Andía para más señas. La Semana Santa era, para algunas personas, la semana de las peinetas y de las mantillas negras con las que se lucía en las procesiones o en las tradicionales visitas a los Monumentos (visitas a los altares de las distintas iglesias).
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