María Dolores, hija de una gran dramaturga en euskera, María Dolores Aguirre, es bióloga, ha vivido 16 años en Japón, recorrido Latinoamérica y vivido en el Congo el momento en que se descubrió oro en los ríos y familias enteras abandonaron sus pequeñas tierras para buscar pepitas doradas en las aguas, pepitas por las que acabaron muriendo ellos y sus parcelas yermas. María Dolores preside FISC con la ayuda de un puñado de voluntarios de medio mundo. La Fundación de la Compañía de María está presente en cuatro de los cinco continentes de este planeta y tiene muy claro que son los habitantes de cada comunidad, ciudad, pueblo o país los que deben luchar y decidir por esa comunidad, pueblo o país. Nosotros sólo podemos ayudarles desde la justicia y en lo que ellos nos pidan. En la conferencia de hoy, dos congoleños: Papy Sylvain N´Sala y André Ngubu Mangongo. Con María Dolores, Lourdes, Josean, Luciana... hablamos en Iparraguirre 4 del mundo tal como es y tal como tendríamos que hacerlo.
- Antes de nada: impresionante su web (fisc.org). En su blog solidario acaban de incluir un cortometraje que ha sacudido la red...
- ¿Te refieres a Closed Zone, de Yoni Goodman? Es inmenso, ¿verdad? Sólo dura minuto y medio y muestra a un niño palestino que sigue a un pájaro. De pronto, manos gigantescas empiezan a actuar como murallas. Como cuando nosotros nos divertimos cortándole el paso a una hormiga...
- Soberbio. Con una banda sonora potentísima. Está realizado por el director de animación de la no menos increíble 'Vals con Bashir'.
- Si te fijas, el corto está respaldado por Gisha, una organización israelo-palestina que, apoyada por instituciones de Gran Bretaña, reivindica algo tan simple como el derecho de todo ser humano a moverse libremente por la Tierra.
- Puestos a descubrir curiosos vasos comunicantes, hermosa casualidad que la conferencia de hoy, 'La guerra en la República Democrática del Congo,' coincida con la publicación del último Atxaga...
- ¿Zazpi etxe Frantzian? Se trata de una soberbia coincidencia pues esa novela se enmarca en la etapa colonial de lo que fuera el Congo Belga, una época en la que entre 10 y 15 millones de personas fueron masacradas.
- Datos que nos recuerdan que hace mucho tiempo que empezamos a esquilmar África.
- Bien cierto. El gran drama de muchos países africanos consiste en que su subsuelo es riquísimo. Tanto que todos lo desean. Esas tierras carecen de medios para gestionar tanta riqueza así que llegan las potencias extranjeras y comienza el robo más descarado amparándose en una corrupción también promovida por ellos. Es por eso por lo que fundaciones como FISC se empeñan en que sean los propios habitantes de un lugar quienes decidan qué clase de ayuda quieren recibir. Para qué. Con qué. Estamos por la formación de las personas. Por la creación de comunidades autosuficientes, autogestionadas. Por la educación en el desarrollo. No aparecemos por ahí como colonos buenos. Sólo van aquellos cuadros y técnicos que los habitantes consideran necesarios. Y no van para sacarles las castañas del fuego sino para formar profesionales, médicos, panaderos.
- ¿Hasta qué punto somos todos culpables de tanta injusticia?
- Culpables, no. Pero debemos sensibilizarnos en la realidad de que somos parte de esa injusticia. Sencillamente por jugar al fútbol con balones cosidos por niños esclavos. Culpables, no, pero sí parte. Por eso hemos de reivindicar una vida justa para todos. Ayudar por ejemplo a que Bolivia sepa gestionar ese fabuloso descubrimiento de yacimientos de litio, mineral imprescindible en la más alta tecnología, ambicionado por Japón, China y Estados Unidos.
- Los del Primer Mundo nos creemos ciudadanos del mundo porque viajamos entre hemisferios casi sin pasaporte. Sospecho que en FISC se tiene otra idea sobre cómo ser ciudadano de esta Tierra.
- Para nosotros lo son todas esas gentes de una extrema dignidad, amantes de su tierra como pocos, que no aceptan ciertas miradas occidentales cargadas de compasión. No piden caridad sino justicia. No limosna sino comercio justo. No quieren que hurguemos en su miseria. Ciudadanos del mundo son esos zaireños que en plena guerra huyen a las montañas y siguen dando clase a los niños porque saben la fuerza de la educación. Cuando los soldados se van, vuelven a sus pueblos y reconstruyen los hospitales y escuelas destruidos. Ellos, muchas veces ellas, las mujeres, son los auténticos ciudadanos del mundo.