DV. En Eusko Alkartasuna las heridas no sólo no terminan de cicatrizar sino que cada cierto tiempo se vuelven a abrir. Es la historia de un partido en pelea permanente, la de una formación en la que se multiplican los problemas domésticos a medida que empeoran sus resultados electorales.
Un año y dos meses después de la elección de Unai Ziarreta como presidente de Eusko Alkartasuna, la eterna división en la formación, con un sector crítico liderado por miembros del partido en Gipuzkoa, se hace más presente si cabe tras los nefastos resultados del domingo.
Las heridas internas que se pretendían cerradas tras el congreso nacional de diciembre de 2007 en el Palacio Kursaal, en virtud de un pacto entre el sector oficial y los críticos guipuzcoanos, ya se habían reabierto hace unas cuantas semanas con la designación, a instancias de la Ejecutiva nacional, de Jesús Mari Larrazabal como cabeza de lista por Gipuzkoa para las autonómicas.
La decisión se tomó en contra de la dirección guipuzcoana. EA aprobó sus candidaturas al Parlamento Vasco sin un acuerdo interno entre sus dos sectores, lo que contribuyó a empañar la imagen de cohesión que se había forjado tras el cónclave que escenificó el relevo de la hasta entonces presidenta Begoña Errazti. La corriente guipuzcoana, mayoritaria en este territorio, se oponía en principio a la propuesta de listas formulada por la dirección nacional del partido, aunque el propio Ziarreta llegó a negar que ese sector le hubiese transmitido su contestación.
Nuevamente, el ambiente interno se volvió a enrarecer tras el pronunciamiento público de un grupo de concejales de Eusko Alkartasuna de la línea guipuzcoana, muy críticos con la posición de algunos compañeros suyos de gobernar con ANV. Afirmaron, en un artículo de opinión, que los citados acuerdos eran «inaceptables», debilitaban las instituciones y menoscababan la democracia.
Ya en precampaña, Larrazabal quiso quitar importancia a las tensiones surgidas en el seno de su partido en torno a su elección como cabeza de lista por Gipuzkoa. En su presentación como candidato explicó que había enviado una circular interna a la militancia en la que exponía sus ejes para la campaña. Su objetivo era, dijo, convencer a los votantes. «No voy a entrar a convencer a alguien que pueda discrepar en mi propio partido», apuntó.