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RSS | ed. impresa | Regístrate | Miércoles, 15 febrero 2012

Política

ANÁLISIS

03.03.09 -

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Enfriamiento
La noche electoral es el momento en el que se delinean las estrategias que los partidos pretenden desarrollar tras el recuento. Horas en las que se atenúan las decepciones y se subliman las victorias antes de enfrentarse cada cual a los requerimientos de sus bases o al regateo negociador con las demás formaciones. Las comparecencias del domingo sólo ofrecieron algunas pistas sobre las intenciones de los principales protagonistas de la política vasca, aunque tampoco podían ir más allá. Sabemos que el PNV e Ibarretxe han asumido, en su calidad de primera fuerza, la iniciativa de las conversaciones post-electorales; que López se presentará a la investidura y que podrá contar con el PP para ser elegido lehendakari. Pero la combinación de estas tres indicaciones de la noche electoral obliga a preguntarse de qué van a hablar los partidos mientras esperan la convocatoria del pleno decisivo. De qué si ya se anuncia una votación parlamentaria entre dos candidatos. La carrera electoral ha sido una mera sesión de calentamiento para la disputa del encuentro que comienza a partir de ahora. Las tácticas de campaña se vuelven juegos sin importancia frente al desafío estratégico que se escenificará a continuación.
En la noche electoral nadie quiso pronunciarse en caliente. No fue sólo por sensatez o cautela. Respondió, en el caso del PNV y del PSE-EE, a la decisión deliberada de enfriar el escrutinio electoral, de manera que pasados los días puedan quedar en el ambiente sensaciones distintas a las de la realidad escrutada. De ahí que los dirigentes nacionalistas se quejasen ayer del sesgo de determinados titulares que concedían poco menos que el triunfo a los socialistas. Aunque éstos no parecen tan preocupados por la insistencia jeltzale en que la victoria fue suya y sólo suya. Quizá porque los socialistas prefieren legitimar sus aspiraciones a la Lehendakaritza sobre el previsible fracaso de los nacionalistas en obtener los apoyos necesarios a favor de Ibarretxe. Se trata de un movimiento táctico natural, casi instintivo. Siempre es más fácil presentar en sociedad una opción comprometida -alcanzar la Lehendakaritza con el apoyo del PP y sin garantías de que ello comporte un gobierno estable- tras los intentos fallidos de otras alternativas que tomando la delantera a éstas. Supondría, desde el punto de vista socialista, reeditar la fotografía electoral, pero de forma que quede más patente la insuficiencia parlamentaria del nacionalismo. Así, Patxi López podría ser designado lehendakari incluso sin que exista otra complicidad entre quienes coincidan en votarle que cerrar el paso a la continuidad de Ibarretxe. Es más, probablemente los socialistas no desean formalizar un pacto que les ate.
El problema para la realización plena de los deseos socialistas se encuentra en una agenda política que va más allá de la fecha aproximada en la que podría convocarse el pleno de investidura. Inmediatamente después de este trámite vendrán las elecciones europeas de junio, que tras la victoria popular en Galicia han adquirido aun mayor importancia para el pulso que libran PSOE y PP. Pero además la eventualidad de que el PSE-EE se arriesgue o se anime a gobernar en solitario para ensayar una mayoría estable más adelante situaría al PP ante el temor de que sus votos para la investidura sean desdeñados después a cuenta de una componenda más seria de los socialistas con el PNV. Es esto último lo que en buena lógica encarecería el apoyo popular a la elección de López como lehendakari. Encarecimiento que, a su vez, reduciría el margen de maniobra futuro de los socialistas. Una trampa circular de la que el PSE-EE sólo podría librarse arriesgándose a caer en otra. Podría librarse tomando la iniciativa en paralelo al PNV, con la consecuencia de que así se vería obligado a retratarse antes de tiempo.
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