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Política

28.02.09 -

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Elecciones distintas
Estos no son unos comicios como cualquiera de los anteriores. No sólo porque la campaña haya pasado más desapercibida que otras, debido al tiempo que llevamos escuchando los mismos mensajes y por efecto de una crisis que ha acallado las estridencias partidarias, incluidas las derivadas de la ilegalización de D3M. Lo distintivo de estas elecciones es que todos los partidos aspiran a gobernar, aunque sea a través de un pacto de legislatura; y que, además, todos los partidos cuentan con posibilidades de hacerlo.
Desde que se restableció la democracia y se constituyó por primera vez el Parlamento vasco se hizo palpable la diferencia entre los partidos de gobierno y los de oposición. Las formaciones más a la izquierda, y por supuesto la izquierda abertzale, sentían la presión de unas bases reacias a ver las siglas de su preferencia pisando moqueta. Mientras que la derecha de vocación española asumía un papel testimonial lejos de Ajuria Enea y de Lakua. Además, el hegemonismo nacionalista y la presunción de que el PNV actuaba de muro de contención frente a ETA disuadían a los socialistas de pretender otra cosa que servir de compañía al partido de Arzalluz.
Sin embargo, tras las autonómicas de 2001 los sondeos demostraron que los electores de Ezker Batua asumían con absoluta naturalidad la presencia de Madrazo en un Ejecutivo presidido por Ibarretxe. Hoy el electorado de Aralar admitiría la inclusión de esta formación en una combinación nacionalista de gobierno. Y los votantes del PP exigirían el apoyo de su partido a un PSE-EE ganador, siempre que López no se incline hacia el PNV tras salvar el trámite de la investidura con los populares.
Pero la novedad sustancial respecto a otras elecciones es que esta vez, y en ausencia de la izquierda abertzale, todos los partidos cuentan con posibilidades reales de integrar el próximo gobierno o de contribuir a su formación. Ello se debe a la verosimilitud de que el próximo lehendakari sea de un partido distinto al PNV. Una verosimilitud que con anterioridad sólo cuajó en vísperas de los comicios de 2001, y que por sí misma representa una importante novedad para la política vasca.
Centrada la disputa por el primer puesto entre Ibarretxe y López, es necesario puntualizar que la gobernación de Euskadi no precisará necesariamente de mayoría absoluta. La composición del próximo Ejecutivo vasco no depende de quién gane y de que éste conforme una alianza de 38 parlamentarios; depende sencillamente de la ventaja que el primero obtenga respecto al segundo.
Si el PNV logra más de un escaño de diferencia y, como es previsible, gana en votos, Ibarretxe bien podría anunciar en la misma noche electoral, y sin encomendarse al EBB, la continuidad del tripartito, invitando o no a Aralar a incorporarse a él. A no ser que la suma entre socialistas y populares se sitúe por encima de los cuarenta escaños, como condición para que una alianza constitucionalista frustre las oportunidades de gobierno de un PNV vencedor. Por su parte, el PSE-EE requeriría ganar por algo más que la mínima para optar por su fórmula ideal: iniciar la legislatura gobernando en solitario con el tácito apoyo popular y la intención de superar más tarde, quizá tras las municipales, su precariedad.
El resultado de las distintas autonómicas indica un leve pero determinante movimiento pendular que unas veces atomiza el voto entre muchas siglas y otras lo concentra en dos o tres. Es previsible que en esta ocasión prime la utilidad electoral, favoreciendo a las dos formaciones con posibilidades de triunfar. Dada la reducida permeabilidad del campo electoral nacionalista respecto al no-nacionalista y viceversa, falta saber quién de los dos candidatos con posibilidades, Ibarretxe o López, logrará arrebatar más votos a las formaciones contiguas a la suya.
Pero también qué efectos políticos puede acarrear dicha atracción; porque el fortalecimiento del PSE-EE a costa del PP y de UPD bien podría mermar las opciones de López para ser lehendakari, del mismo modo que si el caudal del voto abertzale hacia el PNV minimiza la presencia parlamentaria de EA, Aralar e incluso EB sería posible que Ibarretxe quedase sin posibilidades de continuar en su puesto. Es probable que la concentración bipolar del voto genere sus mayores efectos en Guipúzcoa, pero no por ello habría que dar por sentado el reparto de escaños en los otros dos territorios.
En cualquier caso conviene tener en cuenta que no es la participación lo que provoca el cambio, sino que son las expectativas de cambio las que contribuyen a incrementar la afluencia a las urnas. La duda está en si la liza electoral movilizará más a quienes preferirían despertarse el 2 de marzo en una Euskadi políticamente distinta o a quienes, temiéndolo, reaccionen contra el cambio.
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