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RSS | ed. impresa | Regístrate | Martes, 14 febrero 2012

Cultura

ARQUEOLOGÍA, NUEVOS HALLAZGOS EN EKAIN

Jesús Altuna y Koro Mariezkurrena han estudiado los nuevos hallazgos que realizaron en Ekain: una vulva coloreada en la roca y pinturas no figurativas en rojo y negro
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DV. Desde que hace cuarenta años fue descubierta por Rafael Rezabal y Andoni Albizuri, del grupo Antxieta de Azpeitia, Ekain ha sido probablemente la cueva vasca con arte rupestre más mirada, remirada y estudiada. Y, sin embargo, no lo había mostrado todo, ya que guardaba en sus paredes elementos en los que nadie había reparado antes: una oquedad en la roca sobre la que se pintaron los caballos más hermosos que, coloreada en rojo, representa una vulva; puntos, manchas y trazos negros y rojos claramente atribuíbles a la mano del hombre que se han hallado en dos salas de la cavidad...
Los pasaron por alto José Miguel Barandiarán y Jesús Altuna en el trabajo que iniciaron a los pocos días del hallazgo y que cristalizó, en el mismo año 1969, en la primera publicación sobre las pinturas rupestres de Ekain. Tampoco se fijaron en ellas el propio Altuna y Juan María Apellaniz, que publicaron un segundo estudio sobre las mismas en 1978.
«Aquí hay algo más»
Quien sí se fijó en los puntos, manchas y líneas pintadas con pigmentos rojos y negros que nunca antes se habían detectado y estudiado fue Koro Mariezkurrena, arquezoóloga, esposa y colaboradora de Altuna. Ambos han estudiado las hasta ahora desconocidas huellas que dejó hace más de 10.000 años el artista de Ekain, y acaban de publicar en Zephyrus, revista científica del Departamento de Prehistoria, Historia Antigua y Arqueología de la Universidad de Salamanca, el artículo Nuevos hallazgos en la cueva de Ekain, que también se ha editado en forma de separata con el apoyo del Departamento de Cultura del Gobierno Vasco.
Aunque los hallazgos fueron fortuitos, algo tuvo que ver en ellos la curiosidad y la mirada de Koro Mariezkurrena. No recuerda exactamente qué día vio el primer indicio de que allí había algo más de lo que se había visto hasta entonces, pero no ha olvidado el contexto en el que empezó a percibir que las paredes albergaban vestigios que habían pasado desapercibidos. Mientras el equipo que iba a realizar la réplica que actualmente puede verse en Ekainberri, dirigido por Renaud Sanson, medía, calibraba y fotografiaba hasta el último detalle de la cavidad y las pinturas que iban a ser replicadas -en torno al 90% del total-, ella les acompañaba para «vigilar que no causaran ningún deterioro».
Vivía aquellas largas jornadas con «una enorme responsabilidad» y, cuando le constaba que el trabajo que estaba desarrollando el equipo no implicaba ningún riesgo, «aprovechaba para contemplar todos los rincones de un santuario que, salvo en aquel período de trabajo, siempre había estado cerrado, que es como sigue en la actualidad». «Al pasar tantas horas en la cueva -recuerda-, te ibas fijando en todos los detalles, y nos fijamos fundamentalmente en algunas rayas negras, manchas rojas, puntos... Pero lo que más nos llamó la atención fue comprobar que en la fisura que divide el gran panel de los caballos había una mancha roja que parecía algo especial. Una vez que fuimos haciendo ese corpus, le dijimos a Jesús que allí había más cosas de las que estaban publicadas, y empezamos a mirar sistemáticamente todas las rocas».
A la vista de todos
Ninguna de las nuevas pinturas de Ekain -una cueva riquísima en representaciones de animales que contiene imágenes de caballos, cabras, ciervos, osos, bisontes...- es figurativa. Las que se han hallado consisten en manchas rojas (12) y negras (1), puntos rojos (7) y negros (5) y trazos negros (12), y están situadas en la galería Auntzei y la zona central de la cueva, la más amplia, llamada Erdialde. La mayoría se encuentran en espacios que no se han trasladado a la réplica, de la que también quedaron fuera algunas pocas pinturas y grabados muy hermosos e interesantes pero visibles sólo bajo condiciones de iluminación muy específicas.
El hallazgo más sorprendente, sin embargo, corresponde a la representación de una vulva que se ha detectado en el lienzo de pared más observado de Ekain, el que contiene lo que Jesús Altuna denomina «la joya de la corona»: el gran panel de los caballos. «Es extraordinario que no nos hayamos dado cuenta ni nosotros ni ninguno de los prehistoriadores que han pasado por ahí, incluido André Leroi-Gourhan, que fue el número uno mundial», reconoce. Y añade que «el panel es tan denso en pinturas, y muchas de ellas son tan extraordinarias, que los caballos y los bisontes han absorbido siempre toda nuestra atención».
El empleo del relieve de la roca para simular los órganos genitales externos de la mujer coincide con un recurso muy utilizado en Ekain, donde el artista aprovechó con frecuencia grietas, portuberancias y contornos naturales para desarrollar su trabajo. «Los animales le salían de la roca, y él completaba las figura», evoca Altuna, que dedica parte del artículo que ha escrito junto con Mariezkurrena a profundizar en esa característica de Ekain. En el caso del gran panel de los caballos, parte de la oquedad natural que remata, en la parte superior, la fisura que separa los dos bloques de caballos se convirtió, mediante la aplicación de pintura roja, en la representación de una vulva.
Pese a la proximidad de un caballo pintado utilizando el mismo pigmento, ni en ese ni en los restantes casos parece verosímil la posibilidad de una transferencia accidental de pintura. Entre otras cosas, porque la coloración roja suele acompañar a las representaciones de vulvas en el arte paleolítico, y porque esa figura asociada a la fecundidad -una de las principales preocupaciones de aquellos seres-, resulta habitual en el arte ruprestre de ese período. Y tampoco es producto de la exudación de óxidos de hierro de la roca, sino el resultado «de la aplicación deliberada de pintura en la zona que al artista prehistórico le interesaba».
Sólo hipótesis
Si el significado de la representación de la vulva -que ya se ha trasladado a la réplica mediante la aplicación de pintura- no reviste especiales problemas, no puede decirse otro tanto acerca de las representaciones no figurativas, que son relativamente habituales y que, por citar un ejemplo cercano, también se han encontrado en Praileaitz (Deba).
«Evidentemente, algo tenían en el pensamiento cuando pintaban esas formas no figurativas -afirma Jesús Altuna-, pero su significado se nos escapa porque, como decimos con frecuencia, los cráneos se fosilizan y llegan hasta nosotros pero no los pensamientos que contenían». Nos encontramos, por lo tanto, ante «elementos que no tienen un gran valor artístico» pero que intrigan por su significado, difícil de desentrañar.
Pero no faltan hipótesis al respecto. Antes de las recientemente localizadas, ya se conocían pinturas no figurativas en Ekain, y algunas incluso pueden verse en la réplica. Curiosamente, marcando el comienzo y el final de grupos de figuras, o marcando el camino hacia una imagen, como si el pintor prehistórico estuviera ejercitándose en la señalética rupestre...
nazurmendi@diariovasco.com
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