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RSS | ed. impresa | Regístrate | Domingo, 27 mayo 2012

Cultura

ÓPERA 'JUAN JOSÉ' DE PABLO SOROZÁBAL, EN EL AUDITORIO KURSAAL

22.02.09 -

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Para quienes amamos la lírica, sin concomitancias ideológicas y dentro de los parámetros del buen gusto, el estreno universal -en versión concierto- de Juan José es todo un acontecimiento de indudable trascendencia e importancia. Trascendente porque han sido 41 años de espera desde su parto en el papel pautado; importante porque alumbra un futuro esperanzador para que esta obra suba a los escenarios como debe ser -con los óptimos mimbres-, tal y como le hubiere gustado al maestro.
Musicalmente esta obra es rompedora con todo el trabajo lírico anterior del propio Sorozábal. Su trabazón sinfónica es recia, excelentemente cuajada en la concepción armónica modal y construida más sobre acertadas ideas melódicas que sobre teóricas purezas del sonido. Hay hermosas sutilezas sinfónicas de claros aromas puccinianos y luminosos despuntes españoles, como son el precioso fandango (sabor a Falla) cantado a toque de guitarra o el retrechero dúo Me deja usted que la convite. En resumen, una obra que está en la cúspide la lírica de don Pablo y que para el autor de estas líneas es todo un honor el escribirlas. El texto del libreto va en calidad de menos a más.
Ignacio García no realiza una dirección escénica, como reza el programa de mano; se limita -tan sólo- a dar unos aportes simples con la proyección de unas imágenes sobre un telón de fondo y una participación de narrador al presentador Constantino Romero, que se limitó a contar el argumento que estaba escrito en dicho programa de mano. Hay que gastar.
La Orquesta Sinfónica de Musikene, con un orgánico mucho mayor que el fijado por Pablo Sorozábal para el foso, dio de sí lo que puede dar una agrupación integrada por estudiantes de música. Entrega y voluntad. Por lo demás, faltaron colores, brillos y claridad en la lectura del pentagrama. Algo lógico pero no deseable para la ocasión.
A José Luis Estellés hay que agradecer este estreno. Ponerse al frente de la dirección musical del mismo es ya otro cantar. Le falta oficio en el pulso de dicha rectoría, así como en la concertación con los cantantes.
Dirigir una ópera es algo muy complejo. Seguro que la partitura marca unas tensiones que ayer no se pusieron en relieve. Su entrega está sin duda fuera de toda queja. Faltó pulimento, tapando a las voces en más de una ocasión.
De entre las voces solistas sobresalió la del tenor José Luis Sola, por el color y equilibrio de sus armónicos, así como por la bravura de su trabajo. Manuel Lanza, con un centro de generosos brillos, estuvo un tanto limitado en el terreno agudo, sin cubrir del todo las exigencias del pentagrama. Ana María Sánchez ha ensanchado en demasía la voz, lo que merma el lirismo que requiere su personaje. Maite Arruabarrena sigue con el color canela de su voz, aunque ha perdido en proyección. La corrección fue la tónica general en el resto del reparto.
Gracias mil, don Pablo, por la hermosura de Juan José, que ha roto aguas en su querida Easo, con la espera de que su nacimiento sea, pronto, completo en escena.
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