DV. Las facultades y centros de la UPV se la juegan en los próximos meses. Deben convertir sus licenciaturas y diplomaturas en los nuevos estudios de Grado, que tendrán que contar con el visto bueno de la Universidad y ser aprobados por el Gobierno Vasco, a través de la Agencia de Evaluación. Con la fuerte caída de alumnos que se ha registrado -15.000 menos en una década-, el caballo de batalla es contar con el número suficiente de estudiantes para poder mantener cada especialidad. Un decreto del Departamento de Educación acaba de fijar los límites: sólo se autorizarán títulos universitarios de Grado si cuentan con un mínimo de 30 alumnos, o de 20 si es en euskera, en primer curso.
No es un capricho. Mantener un Grado es caro. A la UPV le cuesta 7.500 euros cada estudiante al año. El Ministerio de Educación calcula que toda carrera que no tenga 70 alumnos en primer curso no es rentable. Poco más de la mitad del centenar de títulos que concede la UPV cuenta con 70 alumnos de primer curso. Una decena no llega a esa treintena de plazas.
En la Universidad pública vasca los estudios que corren mayor peligro son las filologías Clásica, Hispánica, Alemana y Francesa y algunas ingenierías técnicas. Los responsables académicos no quieren aún sacar a la luz el nuevo mapa de titulaciones ya que todavía mantienen un tira y afloja con los decanos para negociar el futuro de las titulaciones.
La UPV y Educación han puesto el listón bajo para intentar salvar el mayor número de carreras posible. Junto con la decisión de permitir Grados con un mínimo de 20 o 30 alumnos, los responsables de Ordenación Académica han ideado un programa por el que se permitirá agrupar los cursos iniciales de varias titulaciones del mismo área del conocimiento.
Ingenierías de 8 alumnos
Muchas facultades intentan sortear el cierre de títulos con esta configuración 'en árbol': primeros cursos comunes y la especialización en el ciclo final. Es el caso de la Ingeniería Técnica Industrial de Vitoria, que impartía siete títulos hasta ahora. Cuatro de ellos los va a agrupar en un único Grado, pero con las especialidades de Mecánica, Eléctrica, Química y Organización Industrial.
A los estudios de Ingeniería Técnica Metalúrgica, que se imparten en la Escuela de Minas de Barakaldo, la nueva normativa del Gobierno Vasco también les dibuja un futuro incierto. Este año hay 8 estudiantes en primer curso. Hay clases en la escuela con cinco, cuatro y hasta un sólo alumno en el aula. Esta especialidad tiene el récord junto con Filología Clásica de ser las carreras con menos estudiantes en la UPV.
La adaptación a Bolonia supone una amenaza para la facultad más emblemática de Álava, la de Letras. El decreto del Gobierno Vasco dejaría al prestigioso e histórico centro sin cuatro de sus diez carreras al desaparecer Filología Hispánica, Francesa, Alemana y Clásica, por no llegar a los 30 universitarios de nuevo ingreso.
«Nos sentimos estafados»
De esta forma, la oferta académica se reducirá a las filologías Inglesa y Vasca, Traducción e Interpretación, Historia, Historia del Arte y Geografía.
La pérdida de titulaciones en Álava ha puesto en pie de guerra a responsables del centro, con su decano a la cabeza. «Estafados. Así es como nos sentimos», se queja Fernando García Murga. «Estafados porque nos dan portazo a todo lo que planteamos. Sin gastar un duro más, pedimos hacer una facultad a lo anglosajón, con una oferta de 39 grados combinados, por ejemplo, una titulación de Francés e Inglés, como ya hace la Autónoma de Barcelona. El anterior equipo rectoral nos lo tiró, al tiempo que nos decía que era una buena idea. Nos prometieron mantener lo que tenemos y ahora vienen con esto».
El desánimo ha cundido entre los docentes. «¿Cómo se puede prescindir de Hispánicas, cuando se necesitan profesores de Lengua Española, materia obligatoria para todos los alumnos hasta que llegan a la Universidad?», se pregunta la profesora Isabel Muguruza. «A los políticos vascos se les llena la boca con formar un eje con Aquitania, pero no quieren saber nada de enseñar francés. No me lo explico, salvo que su concepto del País Vasco sea la de la primera viñeta de Astérix», ironiza la filóloga Begoña Agiriano.