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RSS | ed. impresa | Regístrate | Miércoles, 22 octubre 2014

Sociedad

ACOSO ESCOLAR

La asociación Acae recibió durante el año pasado 9.117 denuncias, de las cuales el 20% procedían de Euskadi. Su presidenta criticó la falta de respuesta del departamento de Tontxu Campos

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Encarna García ayer en el Ayuntamiento de San Sebastián. /FRAILE
DV. «Valencia y el País Vasco son las comunidades españolas que más casos de acoso escolar registraron el pasado año», manifestó ayer Encarna García Fernández, presidenta de la Asociación Contra el Acoso Escolar (Acae) de Asturias. En 2008, dicha asociación recibió en sus sedes un total de 9.117 llamadas, de las que el 20% procedían del País Vasco. Añadió que del total de los asuntos registrados por esta entidad en España, el 80% se produjeron en los centros concertados.
García Fernández, que ofreció ayer una conferencia en Donostia organizada por la Asociación Sindical de Ayuda Domiciliaria de Gipuzkoa (Asade), criticó la política del Gobierno Vasco, principalmente la de su consejero Tontxu Campos. «El responsable de Educación que tienen ustedes aquí, ni está ni se le espera. Le he llamado en repetidas ocasiones para interceder en algunos casos de acoso que se han registrado en el País Vasco y jamás se pone, no he podido hablar nunca con él. No quiere saber nada del problema», manifestó.
La presidenta de la asociación recordó en este sentido el caso de Marta, desvelado por este periódico, una joven donostiarra que debido al bullying que sufría tenía que ir escoltada por agentes de la Ertzaintza a la ikastola. «Este es un problema gravísimo que está enquistado en el tiempo, en el que tenía que haber actuado la consejería y Asuntos Sociales. El silencio ha sido total, la ley de la omertà. Con la capacidad económica, social y política que hay en el País Vasco, me sorprende que no se haya adoptado ninguna medida para solucionar este caso. Cuando hay interlocutores válidos se soluciona todo», precisó.
Hace dos años
Los malos tratos hacia Marta comenzaron hace dos años cuando compañeros de la ikastola donde estudia, ubicada en la capital guipuzcoana, decidieron hacerle la vida imposible con reiteradas amenazas, insultos y vejaciones hasta convertirla en objeto de mofa. El desprecio, además de en el centro escolar, también lo sufría en la calle así como en su casa, a través de su ordenador personal, en el que recibía mensajes ofensivos.
El acoso hacia esta joven, que actualmente tiene quince años, continuó el año pasado con una sucesión de insultos y menosprecios hasta que la situación se hizo insostenible y la policía tuvo que actuar. Actualmente, Marta sigue con problemas aunque continúa yendo a clase, en un centro distinto al anterior.
La presidenta de Acae, asociación que nació en Asturias aunque ahora actúa en toda España, se puso en contacto con el colegio cuando tuvo conocimiento del caso de esta menor, pero en el centro «no hicieron nada, al igual que ocurrió con el consejero vasco de Educación, Tontxu Campos», aseguró.
Antes y después de Jokin
Encarna García también se refirió a la muerte de Jokin Zeberio, hace casi cinco años en Hondarribia. Dijo que el fallecimiento de este adolescente, maltratado por sus amigos, supuso un antes y un después en el acoso escolar. «Antes se hablada del bullying de una manera muy sibilina. Nadie admitía que esta forma de agresión existía. Nosotros nos rompíamos la crisma, yendo de un sitio para otro advirtiendo del problema y sólo recibíamos como respuesta la negación de lo evidente. Por eso, cuando sucedió lo de Jokin hubo una especie de revulsión interior de los poderes fácticos de este país y no les quedó más remedio que reconocer que realmente había un serio conflicto», señaló.
La presidenta de la asociación asturiana indicó que pese al tiempo transcurrido desde la muerte de Zeberio «no se ha conseguido nada». Afirma que se gasta mucho dinero en crear observatorios «que se limitan a mirar pero que nada hacen. Están integrados por personas que no son efectivas, que no saben lo que es el acoso ni se plantean acabar con esta lacra».
García Fernández censuró los planes de convivencia diseñados para evitar las situaciones de bullying. «Los profesores no están preparados para enfrentarse al acoso. Lo que tienen que hacer es enfrentarse a la verdad, no pueden mirar hacia otro lado. Los padres no vamos a eludir responsabilidades, pero si cuando ponemos en conocimiento del centro que tienen un problema de acoso y la respuesta que obtenemos es la negación del hecho, no avanzaremos», dijo.
«Al matadero»
La presidenta de Acae afirma que los síntomas de un escolar acosado son claros. «Yo los viví en mi propia casa, con mi hija. Esa reiteración en el miedo a la hora de ir a clase es determinante. Cuando llega el fin de semana la niña se alegra y, por el contrario, según avanza el domingo empieza a apagarse; cuando comienza un periodo de vacaciones está contenta y dos días antes de la vuelta al cole se muestra triste. Sabes que algo le está sucediendo».
Encarna García relató su experiencia en primera persona. «Nosotros la estábamos enviando al matadero. Un día cuando me levanté, vi una nota escrita por ella. Decía: Papá, mamá. Os quiero mucho pero me voy de casa porque no tengo amigos en el cole. Después de ese día, hay un antes y un después en mi vida. Lo que hemos sufrido no se lo deseo a nadie», explicó.
A juicio de la presidenta de Acae, los compañeros de clase de las personas que son acosadas juegan un papel determinante. «Yo los llamo los cómplice silentes. Si ellos hablasen y revelasen lo que está sucediendo en las aulas, muchos de los casos se solucionarían. Hay una minoría que tiene miedo a hablar para no ser los chivatos. Algunos están encubriendo un delito».
En opinión de Encarna García, la vigilancia en patios, pasillos largos y aulas es fundamental para prevenir el acoso, al tiempo que aboga por un mayor diálogo entre padres y profesores.
Asimismo, manifiesta que tiempo atrás no existía semejante acoso psicológico en las aulas como ocurre a día de hoy, una situación provocada, según dijo, por «la falta de atención de los padres a los hijos, por la televisión, que es la que educa a los chavales, y por una sociedad que ha ido perdiendo valores».
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