DV. Barro, mangueras, bomberos... gente desesperada. Esta era la imagen ayer en Hernani, Astigarraga, Ergobia, Martutene, Loiola: la ribera del Urumea donde el río volvió a dar un zarpazo.
Llueve sobre mojado. Nunca mejor dicho. Los vecinos de estas localidades y barrios de Donostia están hartos de sufrir las crecidas. Ya no saben a quién echar la culpa. Todos admiten que este invierno desesperadamente lluvioso favorece las crecidas, pero quizá para consolarse ante una naturaleza incontrolable apuntan también a otras causas: «Ya habrán abierto las compuertas del Añarbe», dice un vecino. «Hace años que no dragan el río», añade otro.
La única realidad segura es el cabreo de los afectados, como se desprende de los cuatro testimonios recogidos ayer a pie de barrizal, entre ciudadanos afanados en limpiar sus portales, bajeras y negocios.
FÉLIX ARCE
Asador-Sidrería Txomin
«Me temo que el destrozo es total»
«Tenía reservada una mesa para cincuenta comensales de una empresa navarra que todos los años vienen a mi restaurante. Les he tenido que enviar a otra sidrería», explicaba entristecido Félix Arce, propietario del asador Txomin, ubicado en la calle Aintzieta del barrio donostiarra del mismo nombre que el restaurante, mientras miraba cómo flotaba el género por el almacén y la cocina. «Me temo que el destrozo es total. El asador está situado en la parte baja. Las kupelas están flotando, aunque son de acero inoxidable y no les habrá entrado el agua».
Arce muestra especial desesperación por el destrozo causado en la decoración. «Era muy bonita, muy típica, con muebles antiguos. En su día me costaron muy caros, alguno de ellos hasta 200.000 pesetas, o una carreta por la que pagué 75.000. Maderas cruzadas, zócalos altos, pintura muy cuidada... todo destrozado».
El propietario del Txomin explica que las inundaciones son frecuentes. «En el bar tenemos fotos de desbordamientos desde antes de 1920, en algunas de ellas con el agua por encima de la cafetera. En los últimos quince años hemos padecido una docena de inundaciones fuertes. O no saben, o no pueden evitar los desbordamientos». Por delante le quedan muchas horas de trabajo. «Ahora haremos lo más urgente: limpiar, secar los motores de las máquinas... pero creo que durante la Semana Santa tendremos que emplearnos a fondo en los arreglos», señaló Arce.
AINHOA, JON Y AMETZ
Vecinos de Martutene
«Que llegue pronto el realojo»
Ainhoa, su marido Jon, el pequeño Ametz (4 meses) y la perra Nikita se vieron rodeados de agua en su hogar de la calle Aintzieta, en Txomin, entre los barrios donostiarras de Loiola y Martutene. Viven en el primer piso del número cinco, una casa situada por debajo de la rasante del río y, por tanto, fácilmente inundable.
Ainhoa atendía a los medios de comunicación desde el balcón, sin poder salir, dado que a las 11 de la mañana todavía el agua alcanzaba varios centímetros en el portal y en la acera. «Aquí seguimos, esperando que baje el nivel. Nos pondremos unos plásticos en los pies y saldremos en cuanto podamos» señalaba Ainhoa, con el pequeño y sorprendido Ametz en los brazos. «El agua empezó a subir sobre las tres de la mañana, pero no hemos pasado miedo. El mayor inconveniente ha sido que ha saltado el cuadro eléctrico y nos hemos quedado sin luz»
La amatxo de Ametz se quejaba de la falta de mantenimiento en las infraestructuras del barrio. «Como nos van a realojar, aquí nadie hace nada, pero faltan dos años para el traslado. ¡Que lo hagan cuanto antes! Entre tanto, no pueden dejar que el barrio se siga deteriorando». Reclama que se drague el río, para así facilitar el discurrir del Urumea cuando se producen lluvias intensas. «Deberían actuar río arriba, es la única manera de prevenir problemas».
La familia, ayudada por los bomberos, abandonó la casa a las 11,30 horas. «Nos vamos a comer una hamburguesa y luego a casa de mis padres», comentó una alegre Ainhoa, con el guapo y rubio Ametz en los brazos.
BAR GOIZUETARRA
Iñaki Otaegi
«Si llueve mucho, estás pendiente del río»
Iñaki Otaegi chapoteaba en chanclas por el interior de su bar, el Goizuetarra, en Txomin. «Vivo arriba, en el tercer piso. A las 5 de la madrugada el vecino de al lado me ha avisado de que el agua llegaba hasta media rueda de mi coche, que estaba aparcado aquí fuera. Para cuando he bajado, el agua ya estaba dentro y no he podido arrancarlo». Acto seguido, continúa Iñaki, «pensando en que mis perros, que duermen dentro del bar, estarían intranquilos, decidí entrar. Entonces vi que todo estaba lleno de agua, hasta una altura de unos 30 centímetros».
Iñaki, como el resto de sus vecinos, es veterano en estas lides. «No es que haya inundaciones todos los años, pero sí son habituales. La más 'gorda' que recuerdo fue en 1983, con casi un metro de agua dentro del bar. Hace dos o tres años, por navidades, hubo otra riada. En este barrio, cuando llueve mucho, siempre estás pendiente del río, además con miedo a que abran las compuertas».
Iñaki está enfadado con la Guardia Municipal. «Ha habido un poco de desmadre. Mi hija llamó al 112. Al poco tiempo, pasaron dos coches de la Guardia Municipal, pero siguieron hacia Martutene». Otro vecino también se quejó de que nadie avisó del riesgo de destrozos en los coches aparcados en Txomin Enea, con el resultado de varios vehículos anegados, cuando sí se dio esta alerta en Martutene.
SIDRERÍA LIZEAGA
Gabriel Lizeaga
«Todos los años, al menos una inundación»
El río también jugó una mala pasada a la sidrería Lizeaga, en Astigarraga, aunque el susto fue menor y en pocas horas el negocio funcionaba a pleno rendimiento.
Gabriel Lizeaga explicó que el agua no había provocado desperfectos importantes, sólo suciedad. «Hemos actuado con rapidez, sin dejar secar el barro. Así es más fácil limpiar.»
Gabriel coincide con otros vecinos de la ribera del Urumea en admitir que siempre están al tanto de cómo va el río. «Todos los años se produce al menos una inundación. Tengo 54 años y nunca he visto limpiar el río. Quizá deberían empezar por ahí para prevenir los desbordamientos».