DV. Los habitantes del Pequeño Bayona despertaron ayer en medio de una pesadilla. Las aguas de los dos ríos que confluyen en la ciudad se desbordaron e inundaron garajes, comercios y locales. La parte más afectada por las inundaciones fueron las calles de la orilla derecha del Nive. El agua alcanzó hasta 45 centímetros en algunos establecimientos, como en la imprenta Imprimerie du Labourd. Su propietario, Jean Michel Dossat, no podía digerir lo ocurrido. «Recuerdo que en 1968 hubo también una crecida importante. El agua entró hasta la mitad de la imprenta. Esta vez ha llegado hasta el fondo».
En previsión de una nueva crecida, algunos albañiles levantaban un pequeño muro que pudiera contener el desbordamiento. La imagen se repetía a lo largo de toda la orilla del Nive. Muretes de ladrillos, paneles de madera o sacos de arena. Cualquier cosa era útil para poner freno al agua.
En la calle Cordeliers, el agua entró hasta en los locales que estaban a media altura. Al principio de la calle se encuentra el semanario Enbata, donde el agua alcanzó algunas colecciones antiguas.
Chantal Cuyaubere tiene su bar y un pequeño restaurante a orillas del Errobi. El agua subió 10 centímetros pero no ocasionó daños importantes y pudieron abrir con normalidad. «Es la primera vez que veo desbordarse al Nive. Soy bayonesa y no había conocido nunca una situación semejante».
Los empleados municipales tuvieron que reforzar uno de los pilares del puente Mayou, frente al ayuntamiento, ya que la corriente arrancó una buena parte de la sujeción, y el riesgo de desprendimiento era grande.
La pleamar de media tarde tuvo en vilo a todos los vecinos del Pequeño Bayona. Pero no pasó de un susto. Ante el riesgo de nuevos desbordamientos, el ayuntamiento cerró al tráfico las inmediaciones del Adour y el Nive, hasta las 7 horas de hoy.
La situación no fue mejor en otros puntos de la geografía labortana. La carretera que une Bayona con el interior, a través de Cambo-les-Bains, quedó cortada al tráfico desde primeras horas. Bassussarry quedó incomunicado y sus 2.500 vecinos aislados.
Un centenar de viviendas quedaron anegadas y sus vecinos fueron evacuados. La normalidad volvió a restablecerse por la tarde.
En el interior de Baja Navarra, fueron numerosas las carreteras cortadas. En Urepel hubo que lamentar la muerte de unas 200 ovejas, ya que una lengua de tierra entró en su aprisco.