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San Sebastián

12.02.09 -

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Hubo un tiempo en el que cada hombre tenía su maestro peluquero, auténtico manitas de plata que le rasuraba el rostro sin producirle ni una cortada, mostrando con ello un auténtico trabajo de artesanía. Era el amigo fiel, el de las confidencias, al que se consideraba como de casa, pero... ¡ha desaparecido!, se escribía en EL DIARIO VASCO hoy hace cuarenta y cinco años.
«En San Sebastián se han cerrado muchas barberías en estos últimos años... se ha cortado la tradición familiar... ha desaparecido la herencia del oficio de barbero». La máquina eléctrica ha puesto el veto a una profesión que tenía gran aceptación.
Ahora resulta casi imposible conseguir un chaval que quiera iniciarse en la profesión... ¡ni siquiera subiendo los precios, la navaja barbera anima a la juventud!... ¡Y mira que han subido!. En cualquier peluquería un corte a navaja y afeitado llegan a cobrar ¡hasta 30 pesetas! «Los hombres casi nos hemos equiparado a las mujeres con su permanente al frío o al calor, sus peinados, ráfagas de reflejos, incluso lavados... etc.».
Y es que el destino de los peluqueros va unido al de los barberos. Desde que uno va peinado «con los pelos en punta o como caigan» ya no se visita la peluquería. «Ahora, estar a la moda, es llevar el pelo lleno de escaleras» y claro, para eso... ¡te lo haces en casa! Se acabó aquello de ir con la cabeza bien peinada...
Y ¿qué decir de las modernas maquinillas eléctricas? Puedes dejarte el pelo al cero «en menos que canta un gallo» y eso sin contar con el intrusismo. Los que no son profesionales ni pagan contribución «pero te visitan en casa, cortan a toda la familia y te hacen precio de amigo».
Es lógico que los figaros estén enfadados, protesten y estén dispuestos, ahora que ya no hay chavales que quieren jabonar la cara para ablandar la barba, a pagarles hasta 18 pesetas por día trabajado además de enseñarles el oficio.
De todas las formas ¡lo tienen difícil! No se puede ir en contra de las maquinillas eléctricas y nadie puede impedir a nadie que vaya con el pelo descuidado, hecho un adán.
Para más inri no solo se está acabando la cantera de casa sino también la original, la andaluza, «que es de donde proceden la mayoría de los peluqueros de San Sebastián, porque en Andalucía tampoco quedan peluqueros a pesar de su fama de tener deditos delicados».
Conclusión: apoyemos a los barberos y a los peluqueros para evitar que se acorte la vida profesional de los pocos que quedan y que han sido una institución e la ciudad.
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