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RSS | ed. impresa | Regístrate | Miércoles, 15 febrero 2012

Sociedad

09.02.09 -

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¿Se imagina que le toca la lotería y no puede cobrar el billete? Con todas las salvedades que se quieran, en los casos que se exponen a continuación sucede algo parecido. Sus afortunados protagonistas fueron agraciados con un piso protegido, pero se han visto obligados a decir 'no' porque no encuentran un solo banco con el que hipotecarse para toda la vida.
Dice Iñaki S. que disfruta de «una infancia eterna». Muy a su pesar. «Tengo 27 años y todavía duermo en el mismo cuarto que cuando era un crío». Este joven fresador con empleo fijo y un sueldo de mileurista vio en el sorteo de viviendas tasadas que celebraban en Orduña una buena oportunidad para empezar por su cuenta. Su nombre salió el sexto entre catorce agraciados y eligió un piso de 210.000 euros.
Con su nómina y miles de planes de futuro se plantó en su banco «de toda la vida», donde no tardaron en echarle abajo el ánimo. «Me dijeron que estamos en plena crisis y que lo tenía realmente jodido. Me desaconsejaron comprarlo porque la propuesta era pagar 900 euros al mes durante cincuenta años. ¡Pero si yo gano mil euros! Eso no es un préstamo, es una sentencia», denuncia Iñaki.
A Ainara M. y a su novio les ha tocado un piso en el peor momento. Ella trabaja, pero a su pareja, que ha vuelto a estudiar, se le ha acabado el paro. Y en éstas les llega la buena nueva: han resultado adjudicatarios de una vivienda tasada que cuesta algo más de 250.000 euros. «Nos exigían pagar un 30% al firmar el contrato, pero ¿quién nos va a dar el dinero? En las condiciones en las que estamos no nos van a conceder el crédito, así que nos hemos echado para atrás por miedo a no poder pagar luego la hipoteca».
Ainara, que tiene 25 años, los mismos que su compañero, no oculta la «rabia» que le da dejar pasar «esta oportunidad». «Vale que el piso no era una ganga, pero tampoco valía 60 millones de pesetas. Lástima que nos haya tocado en un momento tan malo...», lamenta la joven, que tendrá que esperar a la siguiente oportunidad en el hogar paterno. De momento, al traste con los planes de vivir en pareja.
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