El escritor navarro Jokin Muñoz (Castejón, 1963) ganó el pasado año el Premio de la Crítica y el Euskadi de Literatura con Antzararen bidea, la historia de una donostiarra cuyo hijo muere en Salou mientras manipulaba una bomba. Sin embargo, cuando la mujer entra a trabajar al cuidado de un anciano en el barrio donostiarra de Sagüés, la trama se bifurca hasta llevarle a un pueblo de la Ribera que vivió su propio episodio sangriento en la Guerra Civil. Entre medio, desfilan por el texto las calles y bares de San Sebastián, sus recurrentes disturbios, la música de Iggy Pop, los poemas de Alberti y una galería variopinta de personajes secundarios. Bajo el título de El camino de la oca, la editorial Alberdania publica ahora la versión en castellano de la novela.
- Su novela es una historia triste. ¿Metáfora de la del País Vasco?
- Es una historia desoladora a la que he tenido que añadir ciertas dosis de humor porque uno de los personajes, Gigi, que es a veces ocurrente y a veces cretino, viene a aligerar esa carga dramática. Una historia de este tipo sin un personaje como Gigi sería insoportable. De hecho, el libro de relatos Letargo tenía una carga dramática no aligerada. No estaba dispuesto a escribir un Letargo 2, sin añadir ciertas dosis de humor. Este personaje, amigo de la protagonista, viene a salpicar la trama para que al lector se le haga más llevadera.
- Precisamente, da la impresión de que utiliza a Gigi para dar rienda suelta a sus opiniones.
- Sí, bueno todos los personajes son producto del autor. Ahí está la típica pedantería que soltamos todos, citando a Flaubert de «madame Bovary c'est moi». Aunque siempre pones en boca de un personaje determinadas reflexiones, todos ellos son parte de mí, incluso los más malvados. Gigi me ha servido para divertirme un poco porque sin él escribir la novela hubiera sido un auténtico vía crucis. En ese sentido, pongo en su boca muchas reflexiones que, en efecto, son mías.
- Seguramente, cuando empezó a escribir la novela aún no estaba de actualidad la llamada memoria histórica.
- No, eso fue una casualidad. Yo quería tocar dos momentos históricos lo suficientemente dramáticos como para construir una ficción y me parecía que las vísperas de la Guerra Civil en el sur de Navarra y la situación del conflicto vasco en 2003, con el chapapote y la famosa ola de calor, tenían la potencialidad literaria para hacer una ficción atractiva. En todo caso, ni he pretendido reivindicar la memoria histórica, ni hacer una novela política, sino dar un buen producto interesante al lector.
- Más bien es una refutación de la memoria histórica. De hecho, un personaje afirma: «Recordar es algo que se hace siempre en soledad».
- Efectivamente, cada uno tiene su memoria y el conjunto de las individuales construye la memoria histórica. Se suele decir ahora que cavar en las fosas comunes de la Guerra Civil no es cavar trincheras y volver al enfrentamiento de entonces, sino dar un sitio en la historia a aquellas personas que desaparecieron. En todo caso, eso sería una lectura ideológica de la novela. La primera obligación del escritor es elaborar un producto atractivo: lo que se llama la solvencia literaria. Y a partir de ahí, una de las maravillas de la literatura es que cada uno hace su lectura personal de la obra.
- La protagonista está preocupada por la posibilidad de que su hijo hubiera matado antes de morir.
- Eso no lo puede entender. Es una especie de búsqueda del tiempo perdido. Ella quiere saber cómo ese hijo que en determinados momentos demuestra una gran ternura y un gran altruismo, ha podido llegar a hacer esa barbaridad. Muchas veces te llevas las manos a la cabeza viendo cómo la crueldad y la barbarie pueden canalizarse con plantemientos altruistas: por el bien de la patria o de la sociedad, voy y mato a esa persona.
- Aunque el paralelismo más evidente es entre el hijo y este Dionisio de la Guerra Civil, también surje otro entre el hijo y los falangistas que asesinan de un tiro en la nuca.
- Eso es. El maldito tiro en la nuca a militantes socialistas en la Ribera en 1936 y el tiro en la nuca a militantes socialistas en 2003. Es la barbarie de la sinrazón.
- La novela también es rica en personajes secundarios, desde la novia del hijo fallecido hasta la Candi del pueblo navarro.
- Es una novela de personajes. Hay algunos centrales, a través de los cuales se cuenta la historia -Lisa en Donostia; Jesús en la Ribera- y otros añaden matices o tienen determinada función, como Gigi. Me conformaría con que el lector esbozase una pequeña sonrisa con las ocurrencias de este personaje escapista.
- La novela retrata un San Sebastián ensimismado y ajeno a los dramas que sacuden a sus habitantes.
- Eso también tiene una intención. Viene a describir uno de los momentos a los que ha llegado el problema vasco. Alguien, en su día, no calculó el nivel de indiferencia al que podía llegar la sociedad vasca y ahí estamos. Pelotazos en el Boulevard y la gente paseándose con helados por La Concha es una escena que ya conozco. De cara a la solución del problema es uno de los peores finales porque a partir de ahí, la indiferencia puede seguir creciendo y llegar a ser infinita.
- Entre las escenas más brutales, ésa en la que la madre del miembro de ETA fallecido pregunta en el parque a dos jóvenes si conocen a alguien con el nombre de su hijo.
- Y nada. El «gogoan zaitugu» es sólo para los más próximos y para llevarlo en la más absoluta soledad.
- No sale tampoco bien parado en su retrato el concejal de la izquierda abertzale.
- Aprovecho para hablar de la retaguardia, en donde se vive todo con una especie de optimismo que no tiene ningún sentido. El personaje dice que si no fuera por esta gente el problema se hubiera solucionado hace mucho tiempo.
- Los capítulos situados en la Ribera antes de la Guerra Civil tienen un tono didáctico.
- No, rotundamente no. Hay que tener mucho cuidado con las novelas didácticas. A la hora de contextualizar la acción tienes que dar datos históricos, pero tampoco puedes tomar al lector como a un ignorante. De hecho, la novela ha tenido sus peinados: la primera versión tenía más información histórica, no con intención didáctica, sino con la de situar la trama. Sin embargo, decidí aligerarla y pensé que si la gente no sabía quién fue el teniente coronel Beorlegui, que lo mirara en Google. En general, hay que huir de las novelas didácticas y con mensaje porque tienden al fracaso.
- Alberti, Albéniz, Sorolla, Iggy Pop, García Lorca o Springsteen son mencionados en la novela.
- Sí. En 1936, había cierta sensibilidad cultural. Quería dar ese color a la novela, junto con ciertas alusiones a grupos musicales de la actualidad. Muchas veces, el detalle ayuda a la ficción y en algunos casos, cobra vital importancia por su simbología. Por ejemplo, hablo de los poemas de Marinero en tierra, de Alberti y del cuadro de Sorolla Niños en la playa. Ambos explican el recorrido vital de determinados personajes. amoyano
- Ha compartido la traducción al castellano con Jorge Giménez Bech. ¿Qué tal ha llevado la tentación de la reescritura?
- Sí. El traductor profesional siempre va a ser más fiel, por eso, Jorge Giménez me ha ayudado mucho. Además, aunque mi lengua materna es el castellano, la literaria es el euskera.
- ¿Cree que aún se coloca bajo sospecha al escritor en euskera y más si aborda el 'conflicto'?
- No cabe la menor duda de que por el hecho de ser un escritor en euskera -que no escritor vasco, que también lo son los que escriben en castellano- algo de eso hay. Con Letargo tuve la experiencia de acudir a determinadas tertulias literarias en castellano y vi que sí existe cierto prejuicio ideológico en relación a la literatura en euskera. Y quizás los escritores en euskera nos lo hemos merecido, no lo sé, pero sí que he tenido que dar bastantes explicaciones y contar lo que es realidad: que la literatura en euskera está en un momento interesantísimo y que hay planteamientos de todo los colores ideológicos. La gente sigue anclada en determinados prejuicios que, quizás por la unión que ha habido entre nacionalismo y euskera, ha interiorizado como clichés.
- ¿Qué puede adelantar sobre su próxima obra?
- Estoy leyendo cosas relacionadas con sucesos históricos del País Vasco: el bombardeo de Gernika, la rendición de Santoña, la batalla de Amaiur. Son determinados sucesos relacionados con el imaginario abertzale para preparar una ficción alrededor de todo esto, intentando sorprender al lector.