DV. «Nunca había visto un parte meteorológico tan duro». Joseba, patrón del pesquero Mariñelak de Getaria, ayer se temía lo peor. Y no está para sustos. No quiere que se repita lo acontecido en marzo del año pasado, en otro temporal que todavía no se ha olvidado en el pueblo. «Salimos de nuestras casas y, cuando llegamos al puerto, el barco no estaba en su sitio». El Mariñelak había roto amarras -las cadenas de hierro cedieron- y, junto a otros cuatro pesqueros de bajura, estuvo a merced de las olas en el puerto. «Cuando iban a salir fuera del refugio, una gran ola los volvió a meter dentro y conseguimos saltar dentro», recuerda José Manuel Mateo, uno de los marineros con 40 años de experiencia en el mar. «Hubo muchos gritos aquel día...»
El temporal que ahora azota la costa guipuzcoana «no sé si será como el del año pasado, pero viene duro». A pesar de que las embarcaciones de bajura se encuentran en «paro biológico por la veda de la anchoa», ayer los responsables de los barcos bajaron a puerto para «realizar un doble amarre» que mantuviera las naves a salvo del temporal.
Hoy madrugarán para estar en el barco «en el momento más duro» del temporal. «Si la cosa se pone fea, pondremos el motor en marcha para aguantar mejor el embate de las olas», explica el patrón.
El aviso de vientos con rachas de 150 km/hora y de olas gigantes puso en alerta a arrantzales, dueños de embarcaciones de recreo de Getaria y propietarios de locales en primera línea de costa de Zarautz. Nadie como ellos conoce las consecuencias de la fuerza del viento y del mar.
En el mismo puerto de Getaria, el dueño del Manuelak, la única embarcación que se dedica al marisqueo en Getaria, intentaba hacer encaje de bolillos para salvar su barco del temporal atando un cabo aquí y otro allí. «La voy a asegurar a tierra porque el año pasado el temporal se llevó por delante el pantalán. Se quedó encima de la carretera y un coche se fue al agua», recuerda. A su barco «milagrosamente» no le pasó nada. El arrantzale reconoce que hace diez días que «las pequeñas embarcaciones pesqueras de Getaria» apenas salen a faenar por el temporal. Hoy también le tocará quedarse en tierra y rezar.
Trabajo bajo la lluvia
Muy cerca del marisquero del Manuelak, el veterano arrantzale Manuel Iribar también hizo lo propio con su chipironera «He escuchado el aviso en la televisión y he bajado a puerto enseguida». A sus 67 años, ya jubilado, ha visto de todo en el mar. «Estuve enrolado en un buque que se fue a pique en Las Azores. Nos salvamos toda la tripulación, pero fue algo que no se olvida»...
En el puerto deportivo de Getaria, la actividad era incesante bajo la lluvia. Mientras los propietarios de las embarcaciones redoblaban los amarres, monitores y componentes de la escuela de vela Kosta Bela no tenían tregua. «Vamos a llevarnos tierra adentro al menos quince embarcaciones a vela», señalaba una de las responsables. El temporal de marzo del año pasado se llevó por delante «cinco barcos y destrozó parte de la caseta y las vallas». La tarde fue larga para los de Kosta Bela.
Cristales blindados
Si en Getaria amarraban los barcos, en Zarautz reforzaban los locales del malecón, otras veces tan castigados por el embate del mar. Jesus Salegi, uno de los socios de Galtxagorri Elkartea, hizo los deberes. Por la mañana se ocupó de colocar a la vista la circular de alerta por olas que la Policía Municipal de Zarautz repartió en todos los locales del malecón. «En marzo nos entró agua y arena por la puerta y se inundó uno de los comedores». Por la tarde noche acudió a cenar al local social y cuidó de que el último que abandonara la sociedad colocara una a una las tablas protectoras de la puerta. «Los cristales son blindados y hasta ahora han aguantado bien». Todavía no asimilaba la magnitud de la alerta. «¿Olas de 14 metros? ¡Nos vamos a tener que ir al monte Pagoeta para estar a salvo!», señalaba.
Unos metros de paseo más allá, en el Spa Gym Malecón de Zarautz, Jerónimo, el propietario, ayudado de su amigo, Eleuterio, ultimaban la colocación del sistema de tableros «de 2,2 cm de grosor» ideado para proteger el local inaugurado el 1 de marzo del año pasado. «Entonces fuimos el único establecimiento al que las olas no le rompieron los cristales. Incluso, los responsables de La Perla de Donostia vinieron a visitarnos para ver cómo habíamos protegido el local», explicaba el dueño.
Su amigo Eleuterio, a pesar de confiar en el sistema de protección, reconocía que «si vienen olas de 14 metros y vientos de 150 km/h no hay nada que lo detenga». Por si acaso, el propietario del Spa se llevó consigo «el ordenador y otros objetos de valor» temiéndose lo peor.
En la cafetería Zarautz, en el mismo malecón, ayer limpiaban ya la arena y el agua que las olas de estos días habían dejado en el local. «Por eso está cerrado». En previsión de más riesgo, reforzaron los tablones.