Cumplir diez años de carrera es una oportunidad tan válida como cualquier otra cifra redonda para que una banda haga un punto y seguido y recuento de su cancionero. Bide Ertzean han optado por dejar testimonio de esta década de aventura con un documento en directo que se ha convertido en vehículo inmejorable para comprobar que este quinteto es una de las mejores formaciones de pop no ya euskaldun, sino estatal, dueños de un discurso personal afianzado que gana enteros a cada paso que dan.
La banda entregó un recital exquisito en fondo y formas, donde enlazaron con pasmosa naturalidad sus apuestas estilísticas, desde el pop luminoso al power pop más eléctrico o el disco conceptual Non dira en torno a los desaparecidos de la guerra civil al que hicieron un hueco en el eje del concierto.
No fue un concierto al uso en este tipo de actuaciones donde se acostumbra a dar rienda suelta a invitados de todo pelaje y condición. Bide Ertzean apostaron por su desnudez, una declaración de intenciones que revela el carácter sobrio y discreto del proyecto y su apuesta por dejar todo el protagonismo a las cancioens.
La banda que lideran los hermanos Úbeda ha alcanzado una encomiable madurez y su personalidad y talento están fuera de toda duda. Se han sabido rodear de tres instrumentistas de una formidable personalidad que refuerzan con sus aportaciones el repertorio y no hacen sino sumar en un distinguido transitar repleto de elegancia, sutilezas y composiciones sólidas en su aparente levedad.
Con un escenario entre hogareño y recogido más una pantalla que no eclipsó lo importante, las canciones, el grupo tardó algo en entrar en calor debido al formalismo que impone el teatro, pero al cuarto tema aquello no hizo sino ir hacia arriba.
Bide Ertzean lo tienen todo para ser considerados una banda de altura: bellas melodías, arreglos pulcros y directos, naturalidad. Jugando en casa, rodeados de amigos y seguidores, el grupo terminó poniendo patas arriba el teatro pese a la contención y la atención con la que tanto músicos como espectadores despacharon el concierto.
El grupo juega fuerte en los pops urgentes que reservaron para el tramo final, con formidables arropes tanto de Iturbe a las guitarras como de Senperena a los teclados, siempre impagables en las lecturas de los temas, siempre impecables. Todo conducido por la precisión hecha ritmo de Aranzegi a la batería, el complemento perfecto.
Pueden observarse tres bloques sonoros en el grupo, el pop directo de coros y ritmos vigorosos (Zerotik Hasi), los medios tiempos ensoñadores en la onda de Grisa y las canciones del último disco, más centradas en dar un equilibrio entre canción, narrativa, lírica e imágenes más cinematográficas y reflexivas, con espacio también para nuevos temas, como graffiti y clásicos como Bide Ertzean o Badator Eguna.
Todo fluyó en una subyugante armonía y, a medida que fueron alcanzando la recta final, la banda se desmelenó con varias de sus piezas más enérgicas, en un climax que se remató con una pieza última con el grupo cantando y tocando a pelo y desenchufados con el público volcado. Que sean sus primeros diez años.