Ustedes recordaran cómo hace ya varios días el Colegio Suizo de Madrid fue condenado por la Audiencia de Madrid (después de haber sido absuelto por el juzgado de Alcobendas) acusado de «falta de atención, vigilancia y respuesta inmediata y contundente del centro» ante un acoso escolar a un menor del centro. Los hechos sucedieron dos años antes de los que hay constancia por un video grabado por uno de los acosadores. Quizás Ustedes lo han visto en la TV o en Internet.
No hay duda alguna de que hay acoso escolar, bullying (acoso reiterado de sus compañeros, al menos una vez a la semana, con intención de hacer daño). Aunque según distintos estudios realizados por equipos científicos diferentes, se ha producido un descenso, hay una proporción importante de escolares que lo sufren y algunos lo pasan muy mal: entre el 2 y 4 % en este elevado nivel de gravedad.
Muchos padres y profesores no se enteran. En no pocos casos porque los propios escolares victimados lo ocultan, añadiendo así, dolor al dolor. He reflexionado mucho sobre este tema y me permito reenviar a mi reciente libro, La voz de los adolescentes en el que consagro un capítulo al tema del miedo en la escuela. Es particularmente sangrante en los menores de 10 y 11 años, a veces con un defecto o minusvalía mínima, a veces física, otras veces psicológica, lo que hace que oculten su situación. Así, a un problema de presión externa, el maltrato padecido por sus compañeros, se añade el ahondamiento del sufrimiento por incapacidad interna de externalizarlo. Quizá, incluso, nutriendo en el interior un sentimiento de culpa, obviamente inexistente.
Sí, el bullying existe. No lo erradicaremos totalmente nunca. Pero hemos de procurar que sea lo menos frecuente y lo menos dañino posible. Además de tomar conciencia del problema, lo que ya se da en la mayor parte de los centros docentes, hay que aplicar los protocolos de detección ya existentes y sobre todo, y muy prioritariamente, una colaboración entre padres, profesores y dirección de los centros que, al día de hoy, es muy deficitaria. Mientras padres y profesores estén enfrentados, la pagarán sus hijos y alumnos.
El recurso a la vía judicial es un indicador evidente que tal colaboración no se ha dado. La justicia está para dirimir culpables, no para resolver conflictos. Entre otras razones porque actúa cuando los hechos ya han pasado. Por eso pienso que los problemas de bullying no tendrían que salir del sistema educativo. Como los conflictos familiares del ámbito familiar. Recuerden la sentencia, tras el bofetón de una madre sordomuda a su hijo también sordomudo, separando madre e hijo dos años después del bofetón, de lo que me ocupé hace un mes. Para estos conflictos están, de entrada, los inspectores, en el sistema educativo y los mediadores en el familiar. La justicia debe ser el último recurso, pienso yo.