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RSS | ed. impresa | Regístrate | Martes, 14 febrero 2012

Cultura

ANÁLISIS

16.01.09 -

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Que el rock se ha hecho mayor es un hecho objetivamente biológico. Harto sabido es que quienes lo fundaron, o han muerto ya, o están muy ancianos para practicarlo. Aunque quede alguno que insiste en subir a escena en plan un tanto patético. Los británicos Pink Floyd no inventaron el rock porque pertenecían por edad a algo así como una tercera generación en el seno de ese género musical. Pero sí pueden ser considerados padres mayores de lo que se etiquetó como rock sicodélico, sinfónico o progresivo, algunas de las muchas variantes con las que los avispados jóvenes ingleses bifurcaron la nueva buena sónica de allende el Atlántico.
Los Floyd acumularon una brillante e influyente colección de canciones, considerada como capítulo específico de la música popular del siglo pasado. Y dejaron alta constancia escénica por lo espectacular y original de sus ambiciosos shows, incluida su personal aportación al campo de las ópera rock. El grupo sufrió una primera tragedia con la caída en picado de la mente lisérgica de Syd Barrett, quien fue sustituido en 1968 por David Gilmour. Gilmour y Roger Waters fueron desde entonces el dúo central del Fluido rosa, bien arropados por la otra media naranja de Nick Mason y Richard Wright (quien murió el año pasado). Hasta que el paso del tiempo, los cambios y evoluciones, el choque de egos y otras variantes les enfrentaron. Waters demandó a sus tres colegas en los tribunales, quienes resolvieron salomónicamente sobre la continuidad de unos Pink Floyd en etapa final que aterrizaron aparatosamente un día de Santiago de 1994 en un estadio de Anoeta que no llenaron.
Fue un brillante show, apadrinado por una fuerte marca automovilística. Ahora, quienes deseen rememorarlo tienen estos Floyd versión canguro, que recuerdan el milimétrico mimetismo disfrutado en febrero 2007 en el Kursaal, con la recreación de The Musical Box: Selling England by the Pound, reconstrucción canadiense de la obra de Genesis, grupo paralelo a los Floyd en la sicodelia inglesa. Nuevo revival por el túnel del tiempo, esta vez en plan mucho más espectacular. Nuevos ladrillos para el viejo muro y nuevas miradas a la cara oculta de nuestro satélite.
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