Ni los cotillones, ni los bailes, ni las fiestas de final y comienzo de año, incluidos los Reyes Magos, conseguían más espacio, en la prensa local, que las actividades artísticas de la gente joven donostiarra dedicada al teatro, que en esta época del año echaba el resto.
Bueno... sí... una noticia merecía la atención de Saski Naski en EL DIARIO VASCO del 30 de diciembre: «Desde la Estación de Amara hasta la calle Garibay iban ayer una docena de guardias civiles armados protegiendo un carro lleno de pesadas maletas, que las descargaron en el Banco de España. Contenían treinta millones de pesetas en billetes de cien, porque el Banco se había quedado sin dicha moneda...»
Pero bueno, millones aparte, los cronistas locales se volcaban en informar sobre los festivales teatrales. José Angel Iraola deleitó durante el periodo navideño en el Círculo de San Ignacio interpretando a Fred Astaire, y Gregorio Beorlegui dirigía la Compañía en la que triunfaban Luis Satrústegui, Tere y Paz Elio, María Luisa Yurrita, Consuelo Arévalo, Mary Gaytán, Merche Doñabeitia, Anthon Balmaseda, Quico Letamendía, Luciano Ormaechea, Juan Soroeta, etc... que tenían que competir con el Circo Alegría programado en el Teatro Principal, la Compañía Somoza-Davo en el Príncipe y la de Rambal en el Victoria Eugenia.
Seguían con sus bailes La Perla del Océano, el Monte Igueldo y el Hotel Príncipe de Saboya y la Caja de Ahorros Provincial deleitaba al personal con su festival en el que triunfaban músicos y artistas empleados de la Caja, además del guiñol que dirigía Jesús Charola. Pero para triunfos el obtenido, como siempre, por los pequeños actores del CARS (Centro Actividades Religiosas Sociales, sección infantil, creado tres años antes en San Sebastián). Se atrevieron en el Gran Kursaal con La Cenicienta. Clásico cuento en el que cuando las hermanastras de la protagonista acuden al baile y ella es obligada a esperar en casa, en su desesperación, busca a su tía, que convierte una calabaza en un carruaje.
Lo contaba Pedro de Alcantara en Ecos de Sociedad de EL DIARIO VASCO: «Un año más, un año menos... todo es monótono, canso y triste... pero mi espíritu se alivió al llegar al Gran Kursaal». Porque el crítico se emocionó cuando la niña Aizpurua Sáez Alonso sacó bajo su delantal el zapato del cuento... «¡Qué magnífica presentación, sin flores ni cursilerías!». ¿Y el hada madrina?, Mary Carmen Mendoza que contrastaba su dulzura con la vieja madrastra, interpretada por Blanquita Encío. Pero las fiestas tocaban a su fin y volvían los colegios y la rutina, aunque «todas las penas quedan en el olvido ante las nubes de niños y niñas que con su ingenuo terminan embargando a todos».