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RSS | ed. impresa | Regístrate | 9 julio 2009

Cultura

CINE, RESTROSPECTIVA DEL DIRECTOR DE 'DOCTOR ZHIVAGO'

'Lawrence de Arabia' y 'El puente sobre el río Kwai', desde hoy en la reanudación del ciclo que Donostia Kultura dedica al realizador británico
07.01.09 -

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DV. El rostro bajo el turbante de Peter O'Toole perdido por el desierto como Lawrence de Arabia. La pegadiza tonada silbada en una de las películas bélicas más populares de todos los tiempos, El puente sobre el río Kwai. Aquel último y sereno viaje con Pasaje a la India. Son puntos de interés para los cinéfilos que nos harán más placenteras las primeras semanas del año nuevo.
Donostia Kultura lleva programando desde el pasado 1 de octubre un ciclo dedicado al realizador británico David Lean (1908-1991). Un ciclo para el que 85 espectadores compraron su abono y que está registrando buenas entradas, en torno a los 150 espectadores en la sesión de cada miércoles a las 20.15 horas. En la película que inauguró la temporada, Doctor Zhivago, hasta hubo ovaciones en el Principal al final de las más de tres horas de proyección y en algunos momentos de la misma.
Grandes producciones
Con la excepción precisamente de Omar Sharif y Doctor Zhivago, que se proyectó como apertura fuera de orden cronológico, el ciclo se ha centrado hasta el momento en la etapa inicial de David Lean, la que desarrolló en su Gran Bretaña natal en los años 40, con joyas como Breve encuentro.
En la reanudación del ciclo, desde hoy y hasta el 11 de febrero, pasaremos a su etapa más conocida, la de las grandes producciones al estilo hollywoodiense, como El puente sobre el río Kwai, la magna obra Lawrence de Arabia o La hija de Ryan. En ellas, Lean se descubrió como un maestro capaz de combinar la espectacularidad de los grandes presupuestos con una sobria poética personal no siempre entendida.
En el libro de la colección Nosferatu editado con motivo del ciclo, Laura Gómez Vaquero hace referencia a ese distanciamiento con el que muchos críticos vieron el cine a lo grande de David Lean: «(...) Su paso al mercado norteamericano no fue interpretado más que como el abandono de unos loables ideales (entre los que se encontraban la búsqueda de la sencillez y el tratamiento de temáticas cercanas al espectador) para la realización, desde finales de los años cincuenta y durante la década de los sesenta, de desmesuradas producciones al estilo hollywoodiense en las que, en palabras de los críticos, primaba el deseo de constituir un mero espectáculo y se difuminaban las hasta entonces claras señas de identidad del cineasta».
¿Cine impersonal?
No se mordieron la lengua. En un estudio, Alain Silver y James Ursini acusaron al realizador de «gran frialdad técnica, falta de personalidad» y basarse en «ideas superficiales». El crítico Andrew Sarris aseguró en 1968 que «ahora que Lean ha sido consagrado por las diversas academias, su sensibilidad artística, cualquiera que haya tenido, está ya embalsamada y a salvo en la tumba del cine impersonal».
La figura de David Lean aparece hoy como la de un hombre a contracorriente. Cuando la crítica apostaba por el cine de autor, él andaba en las grandes producciones. Cuando se llevaba el cine intimista, él se abría a los grandes paisajes. Cuando los nuevos directores planteaban estéticas más descuidadas, él estudiaba sus planos al milímetro.
Lean quedó así como él último baluarte de un cine clásico en desuso y cuya grandeza, elegancia y solidez acaso apreciemos mejor en el presente que en los convulsos años 60. Ahora nos sorprende que La hija de Ryan, estrenada ya en 1970, fuera acogida por Richard Schnikel en Time con la pregunta maliciosa de «cómo el hombre que hizo Breve encuentro pudo haber perpetrado esta pretenciosa película pasada de moda».
Las malas críticas y en ese caso también la mala acogida del público hicieron que David Lean se retirase durante catorce años del cine, para volver con su hermoso y, esta vez sí, elogiado canto de cisne, Pasaje a la India. Durante ese tiempo, se sintió incomprendido por un mundo en el que, en las propias palabras del realizador, «si uno emplea diez millones de dólares (el coste de Doctor Zhivago) se supone que no es capaz de hacer un buen film, lo que es una tremenda estupidez». mgurpegui
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