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Sociedad

04.01.09 -

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«¿Cuánto por el calcetín?». La traducción al castellano del «Sumbatt galsardia for?» del titular era sin duda una frase llena de sentido para los hombres del mar que faenaban en el Atlántico Norte en los siglos XVI y XVII. En ella resulta evidente la huella de zenbat y galtzerdia (cuánto y calcetín en euskera, respectivamente), y es uno de los pocos ejemplos que quedan del pidgin en el que se entendían hace siglos los marinos en la Babel acuática que era el océano.
«El libro de Xamar nos enseña, por ejemplo, que la extensión, vitalidad y presencia de la lengua [el euskera] han sido mayores de lo que se creía», subraya Bernardo Atxaga en el prólogo que ha escrito para Vascos. Su lengua a través de la historia. El propio autor aporta curiosos ejemplos que demuestran que eso fue así, aunque no oculta que muchas tienen un carácter relativamente anecdótico, ya que «los vascos salían con frecuencia de su entorno inmediato, pero no lo hacían como colonizadores, sino de manera esporádica y para estancias temporales». Pese a todo, se puede detectar la huella del euskera a miles de kilómetros de su territorio. «Uno de los ejemplos que más me ha llamado la atención -afirma Xamar-, es el pidgin que surgió en el Atlántico cuando la marina vasca tenía mucha potencia. Este pidgin, que como todos los demás es una lengua que se crea con unas funciones muy concretas y surge de la necesidad de un grupo de individuos que hablan distintas lenguas de entenderse entre ellos, ha sido estudiado sobre todo por un lingüista holandés, y en los pocos restos que han quedado es muy clara la huella del euskera».
Otro tanto advirtieron los primeros franceses que llegaron a Canadá, que identificaron palabras en euskera -lengua que por lo menos algunos de los recién llegados debían de conocer-, en el habla de los habitantes autóctonos, herencia de sus contactos con los balleneros vascos de Terranova. Los micmac o mik'mag, una tribu de indios algonquinos que vivían, entre otros territorios, en Terranova, también tenían un pidgin para relacionarse con los vascos. Se entenderían con facilidad teniendo en cuenta que llamaban ania al hermano (anaia), kessona al hombre (gizona), kapitaina al capitán (kapitaina) o atouray a la camisa (atorra).
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