Desde que nuestro marido y padre Inaxio no está con nosotros los días se nos hacen largos y las noches aún más. El 3 de diciembre ha quedado marcado con dolor y sufrimiento en el calendario de nuestras vidas. Los primeros días no teníamos fuerzas para decir nada y queremos agradecer a todos los que en aquellos duros días nos ofrecieron su ayuda y consuelo. Esa solidaridad de nuestra familia, amigos y ciudadanos es un rayo de luz en esta profunda oscuridad donde nos han sumido a través de la violencia. Una parte importante de la luz y de la alegría de nuestra casa provenían de Inaxio y su ausencia dificultará notablemente el camino de cada uno de nosotros. En cualquier caso, éste oscuro futuro se nos alivia al comprobar que la mayoría de los vascos siente y piensa como nosotros. Por ello, a todos, gracias de corazón.
Por encima de todo, Inaxio, nuestro marido y padre, era una buena persona. Un hombre normal, humilde y trabajador. Siempre dispuesto a ayudar a quien lo necesitara. Nació y creció en el caserío Azkune donde, como todos los baserritarras, trabajó desde que era un niño junto con sus hermanos y hermanas. Poco a poco, entre todos consiguieron sacar adelante la empresa que fundó su padre y que hoy es reflejo de todos los esfuerzos y difíciles trances que tuvieron que superar.
Durante estos días, Inaxio hubiera cumplido 72 años, una vida dedicada a la familia, a los amigos y al trabajo. Así era nuestro marido y padre. Ni mejor ni peor. Todos los que le conocían como amigo, vecino o compañero de trabajo lo saben.
Inaxio amaba a Euskal Herria. Él se sentía vasco y nacionalista y así nos lo manifestaba. Pero al parecer, eso no le era suficiente para poder vivir en libertad en su tierra. Los mismos que dicen que están en contra de las imposiciones que sufre Euskal Herria, le han quitado a nuestro marido y padre su derecho a vivir con dos cobardes disparos. ¿Cómo se puede estar en contra de las imposiciones y luego imponer una muerte que no tiene vuelta atrás? ¿No es ésta una clara prueba de hipocresía? ¿Es ésta la Euskal Herria que queremos los vascos?
Las preguntas se revuelven en nuestro interior. Preguntas sin respuesta. ETA, ¿por qué, para qué y en nombre de quién habéis asesinado a Inaxio? ¿Es así como vais a liberar a Euskal Herria? ¿Echando piedras contra nuestro propio tejado?
La mejor respuesta que nos podéis dar a nosotros y a todos los que aman a Euskal Herria sería acabar con toda esta violencia. Que la muerte de Inaxio sea la última. Que ninguna otra familia tenga que padecer el dolor que sufrimos nosotros. Eso es lo que quiere la inmensa mayoría, eso es lo que queremos los ciudadanos vascos.
También viven entre nosotros otros vascos que no han tenido la valentía de condenar este asesinato. Entre ellos, y sin ir más lejos, se encuentra el alcalde de Azpeitia y sus concejales, del mismo pueblo donde nacimos nosotros e Inaxio. Es muy grave que maten con dos disparos a un hijo de tu pueblo y no seas capaz ni de condenarlo. ¿Qué podemos decirles? Que ha llegado a Euskal Herria la hora de dejar atrás la cobardía; para todos, empezando desde los políticos hasta el ciudadano más humilde. Poneos todos en nuestro lugar y tratad de encontrarle un sentido a todo esto. No lo vais a encontrar, porque no lo tiene. Ya es hora de que cada uno deje sus intereses particulares a un lado y que nos unamos todos. Ese será el mejor favor que podemos hacer a nuestro país. Ésa es la única manera para que todos podamos vivir en libertad.
Aunque lo intentemos, no podemos entender cuál fue para los terroristas el mal que pudo haber hecho nuestro padre. ¿El haber participado en las obras del TAV? ¿El ser empresario? ¿Es ése el pecado que le ha condenado a morir? ¿Quién decide quiénes son los culpables en nuestro país? ¿Quién ha firmado la sentencia antes de celebrar el juicio?: ETA.
El pueblo vasco ya ha sufrido con anterioridad la cruel represión fascista y ahora ETA está haciendo lo mismo. Con dos cobardes disparos deciden todo lo que afecta a Euskal Herria. ¿Para conseguir qué? Destrozar a una familia y para hundir más todavía a este pueblo.
Nosotros no sabemos hacer política, no somos políticos. Ni somos ideólogos ni filósofos. Nuestras palabras no cambiarán este mundo pero no quisiéramos que la muerte de Inaxio sea un nombre más de una ya larga lista. La gente olvidará todo esto y el mundo seguirá girando, lo sabemos. Pero estamos seguros de que si cada uno hiciera, junto con nosotros, una pequeña reflexión, este pueblo sufriría un poco menos.
Por último, nos queda decirles a aquéllos que no condenan este asesinato que no sigan tratando de justificar lo injustificable en nombre de la libertad de nuestro pueblo.