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RSS | ed. impresa | Regístrate | Domingo, 27 mayo 2012

San Sebastián

JOSE MEYER, EL TRAUMATÓLOGO ALEMÁN, DONOSTIARRA DESDE NIÑO, REFLEXIONA SOBRE 1813

El doctor y escritor José Meyer Pohlmann acaba de presentar su tercer libro. Los dos primeros fueron 'Gritos de libertad' y y 'Alma sin cuerpo'. Ahora nos toca leer 'Donostia en llamas'

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«El San Sebastián de 1813 era una ciudad ilustrada y afrancesada»
José Meyer en uno de los escenarios de su libro: la puerta de Portaletas, cerca de la muralla. /LUSA
Veintitrés capítulos y un epílogo. Decenas de personajes: militares franceses, vecinos de San Sebastián, guerrilleros del Roncal, esclavos libertos venezolanos, criollas de origen vasco, soldados, médicos, artilleros. Bandoleros y renegados, caballeros ilustrados, afrancesados y defensores de la monarquía española y borbónica. Hacendados y labriegos. El batallón inglés de los Desesperados y un general de cuyo comportamiento para con nosotros, los donostiarras, se tienen muchas dudas: Castaños. A lo lejos, el hombre que empieza la destrucción y luego cede el mando a otro militar: Wellington y Graham. Cerca, un titán de la Emancipación de Latinoamérica: el general Francisco de Miranda. Todos juntos en un libro en el que José ha invertido pasión, tiempo y dinero, porque es una edición en la que el autor pone parte de su pecunio.
- Le oí decir que la Historia es la más apasionante de las novelas...
- ¿No te parece que tengo razón? Hay guerras, heroismo, traición, aventura, riesgo, amores, conquistas, grandes cabalgadas...
- Muy de acuerdo pero si tan fascinante es por ella misma, ¿por qué ese afán de todos en novelarla?
- Creo que por la misma razón de que nadie empieza de crío leyendo manuales de Historia ni de Geografía sino que nos lanzamos por los libros de Fenimore Cooper, Karl May o Emilio Salgari.
- ¿ 'El último mohicano', 'La montaña de oro' o 'Sandokan'?
- Justo. Sin olvidarnos, lógicamente, de Verne. Deberíamos recordar que todas esas obras, también las de Galdós, tenían mucho de novela histórica. No es un invento editorial de finales del XX.
- Me han dicho que para escribir este 'Donostia en llamas' usted incluso leyó lo que leían las gentes del San Sebastián de 1813.
- Me pareció algo imprescindible. Tenía que saber cómo pensaban, de qué hablaban, qué temas tocaban en sus tertulias. Leí las gacetas de aquel tiempo. Los periódicos. Leí el Cándido...
- ¿El 'Cándido' de Voltaire, esas cien páginas maravillosas, cumbre de la Ilustración, el Enciclopedismo, el Liberalismo del XVIII?
- Ése y no otro. Y lo leí porque era libro de cabecera de muchos de los que vivieron el asedio y la destrucción de esta ciudad.
- ¿Los donostiarras leían a Voltaire, a Rousseau, a los enciclopedistas?
- Era una ciudad ilustrada a la que la proximidad con Francia le hacía respirar aires de libertad.
- Éramos afrancesados, ¿verdad? Como las mentes más libres del país, Goya, por ejemplo.
- Éramos afrancesados, sí. De hecho, puede que si se permitió la masacre del 31 de agosto fuera como castigo a haber soñado con pertenecer a Francia, a nuestra convivencia tranquila con las tropas francesas aquí acuarteladas. Piensa cómo sería nuestra relación con los militares que cuando ya estaba todo perdido, el general que mandaba a los franceses pensó en volver sobre sus pasos para defender a la población del horror provocado por los liberadores ingleses y portugueses. Los altos mandos se lo impidieron pero bien es verdad que durante el asedio a San Sebastián, la propia guarnición francesa organizó la evacuación por mar de gran parte de la población.
- Siempre nos imaginamos un asedio como un periodo de terribles privaciones... ¿Pasó hambre Donostia en esas fechas de 1813?
- No. Por un lado fue un asedio corto, no más de dos meses. Por otro, Donostia nunca ha pasado hambre. Siempre ha estado, siempre estuvo, bien abastecida por los caseríos cercanos. Y muchas provisiones llegaban desde el mar.
- Es médico...¿Qué pasó desde el punto de vista de la medicina?
- Sabes que murieron pocos por acciones propias de la guerra y muchos masacrados por los saqueadores. En realidad, nuestra cirugía estaba más avanzada que la de los mismos ingleses. Por la antigua influencia árabe. Los británicos amputaban y cauterizaban. Nosotros hacía tiempo que ya cosíamos, no quemábamos.
«El San Sebastián de 1813 era una ciudad ilustrada y afrancesada»
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