A Jaime Tejedor, presidente de la Cofradía de Pasaia, le ha tocado vivir momentos difíciles tras los hundimientos de los pesqueros pasaitarras Carreira en 1996 y más tarde con el Marero.
- Han transcurrido diez años del naufragio del MareroMarero, ¿cómo recuerda aquellos días?
- Lo pasé francamente mal. Estaba más muerto que vivo. No se lo deseo ni al mayor enemigo. No me movía de la cofradía, comía aquí, un día sí y otro también. Me reunía a diario con los familiares, les ponía al corriente de la situación, de los resultados de la búsqueda, de las cuestiones legales... Además, tenía que atender a las autoridades y a los medios de comunicación.
- ¿Cuál fue el peor momento?
- Sin duda alguna cuando después de semanas de búsqueda hubo que comunicar a las familias que los trabajos de rastreo iban a finalizar. Era la vela que se iba consumiendo. Algunos se resistieron. Otros lo aceptaron.
- Y luego los funerales.
- Claro. Es el final del proceso. Fueron a un funeral cuando ni siquiera tenían el cadáver de su familiar. Eso es muy duro.
- ¿Qué sabe de las familias que dejaron los tripulantes?
- La tripulación del Marero era joven. Algunos tenían niños pequeños. Hoy los ves que se han hecho mayores. Lo mismo sucede con los del Carreira. Ayer vinieron a por el aguinaldo que la cofradía les entrega todos los años. Reconforta ver que han crecido sanos. La cofradía siempre ha estado junto a ellos. Es una institución con alma, corazón y mente. Nunca les olvidamos.
- Usted lleva toda la vida en el mundo de la mar, alguien puede pensar que uno se acostumbra a estas situaciones.
- Nunca te acostumbras a ver morir a un compañero. Cuando se produce un siniestro en cualquier puerto, en cualquier mar, me vienen a la memoria recuerdos del Carreira y del Marero. Y pienso ¿cómo estarán los familiares?
- Diez años después se saben las causas del naufragio del MareroMarero, pero ¿qué sucedió con el CarreiraCarreira?
- Todo induce a pensar que fue embestido por un gran buque y se hundió. No hay otra explicación lógica.
- Estos dos casos sirvieron cuando menos para introducir importantes modificaciones legales respecto a los plazos de declaración de fallecimiento.
- Tuvo que suceder una desgracia para que las autoridades tomaran conciencia de la necesidad de reducir los plazos de declaración de fallecido a todo pescador desaparecido en la mar. La dimensión de la tragedia hizo que las instituciones y la totalidad de formaciones políticas apoyaran el cambio. Sólo dos meses después del naufragio, el Senado mostró su apoyo a una iniciativa presentada por el PNV para reducir de tres años a tres meses el plazo de declaración de fallecimiento. Fue un hito. La vieja ley suscitaba situaciones paradójicas, tales como que los créditos hipotecarios debían seguir siendo pagados por la viuda y, sin embargo, para cobrar un fondo de pensiones se exigía que se agotaran los plazos. No era justo.