DV. De la noche a la mañana Illinois ha descubierto que el gobernador Rod Blagojevich, de 51 años, elegido para acabar con la corrupción, la ha llevado en realidad a extremos impensables, como vender al mejor postor el asiento al Senado que deja vacante el presidente electo, Barack Obama. «Es muy valioso, esto no se da así por nada», dijo el gobernador en una de las muchas cintas telefónicas que le grabó el FBI. Ayer mismo fue detenido pero después quedó en libertad bajo fianza de 4.500 dólares.
Para entonces había puesto a la venta prácticamente todos los fondos del estado al más puro estilo mafioso de Chicago, la ciudad de Al Capone. Entre los muchos ejemplos que proporcionó ayer el fiscal federal, Patrick Fitzgerald, está la amenaza de retirar ocho millones de dólares (6,2 de euros) para la construcción de un hospital infantil cuando el presidente del centro hospitalario se retrasó con el pago de una «contribución» electoral de 50.000 dólares (38.600 euros). En otra ocasión llegó a exigir al diario local Chicago Tribune el despido de los editorialistas que habían sido críticos con él a cambio de la ayuda estatal para evitar la bancarrota, a la que el periódico se acogió apenas la víspera del arresto.
Precisamente fue este rotativo el que publicó el viernes que las conversaciones del gobernador estaban siendo intervenidas. Con una arrogancia que quita el sentido, Blagojevich siguió dándo órdenes por teléfono a sus compinches mientras se plantaba desafiante frente a las cámaras que rodeaban a trabajadores en huelga para decir que «el que quiera grabarme que lo haga, todo lo que digo en público y en privado es legal».
«¿Es una broma?»
Tan preocupados estaban los fiscales de que el gobernador estuviera a punto de autodesignarse senador para burlar un posible 'impeachment' y enriquecerse más desde ese cargo, según le habían escuchado decir, que ayer a las seis de la mañana lo llamaron por teléfono para decirle que tenía en la puerta a dos agentes del FBI que iban a arrestarle. «¿Es una broma?», preguntó soprendido. No, no lo era.
Todo indica que el futuro presidente de EE UU no quiso ser parte del juego. «Estos malditos no están dispuestos a darme más que 'aprecio'». «¡Que se jodan!», dijo en otra de las conversaciones citadas por el FBI. Sin duda uno de los insultos que más agradecerá Obama en su vida. Ayer dijo estar «entristecido» por la noticia y aseguró que «no estaba al tanto de lo que estaba ocurriendo».
El fiscal contó que a medida que escuchaban las conversaciones telefónicas «la gente de esta oficina estaba asqueada y con el estómago revuelto», aseguró. «Hasta los más cínicos se quedaron sin palabras». Las cintas revelan que a cambio del asiento de Obama el gobernador pedía cosas tan variadas y a su juicio lucrativas como ser nombrado secretario de Salud, embajador, presidente de una fundación privada, o un trabajo «altamente remunerado» para su esposa o contribuciones de campaña.
«En un momento dado incluso propone un trato de tres vías: un cómodo trabajo de sindicalista con un alto salario que le permitiera ganar mucho dinero, a cambio de que el sindicato pudiera obtener beneficios del presidente electo y por tanto el presidente electo pudiera tener al candidato de su elección», contó el fiscal.
Pese a todo, este político corrupto sigue teniendo potestad para nombrar al sustituto de Obama, un asiento vital para los demócratas que no han obtenido la mayoría absoluta.