«Un hombre ha sido abatido como una pieza de caza. Un hijo de Dios ha sido tiroteado como un criminal. Una familia ha sido sumida en un mar de dolor. Un empresario que brinda trabajo ha sido eliminado violentamente», denunció ayer el obispo de San Sebastián, Juan María Uriarte en el funeral por Inaxio Uria, oficiado en la parroquia San Sebastián de Soreasu, de Azpeitia. En su homilía, Uriarte reclamó el derecho de su familia y del conjunto de empresarios amenazados a contar con una protección «eficaz» de su vida y sus bienes.
El obispo de San Sebastián hizo esta referencia a los empresarios amenazados por ETA durante el funeral de cuerpo presente en una iglesia abarrotada de vecinos, amigos de Inaxio Uria, trabajadores y empresarios, así como representantes de los gobiernos central y vasco y dirigentes de todos los partidos políticos democráticos. En un silencio sepulcral, cientos de personas siguieron por la megafonía instalada en el exterior del templo la ceremonia religiosa, oficiada por el obispo y una treintena de sacerdotes.
Uriarte se refirió al trazado ferroviario de alta velocidad en el que trabajaba la empresa de Inaxio Uria y denunció que «un proyecto avalado democráticamente quiere ser neutralizado por la fuerza y la sangre derramada».
«¿Es éste el camino para la liberación que ETA promete? ¿Qué liberación?», se preguntó el prelado donostiarra, quien dijo sintonizar con la «pesadilla» de la familia, que tiene «todo el derecho y la necesidad» de contar en estos momentos con el apoyo neto de la sociedad y con «la defensa eficaz de su vida y sus bienes», al igual que los trabajadores y las empresas amenazadas tienen derecho «a que se garantice» su seguridad y su trabajo.
Reconoció que hay «motivos de sobra» para sufrir y preocuparse, pero no «para perder la esperanza activa, por lo que defendió la palabra frente a la violencia y apostó por colaborar «en toda iniciativa que conduzca verdaderamente a la paz», porque en «este pueblo caben todos salvo aquellos que se autoexcluyan por su palabra o su conducta».
La viuda, sus hijos y los numerosos familiares de la extensa familia Uria ocupaban todos los bancos situados en la parte izquierda del templo, mientras que a la derecha y en primera fila se situaban las ministras de Fomento y Ciencia e Innovación, Magdalena Álvarez y Cristina Garmendia; el lehendakari Juan José Ibarretxe; la presidenta del Parlamento Vasco, Izaskun Bilbao; varios consejeros vascos; el diputado general de Gipuzkoa, Markel Olano, y el presidente de Eudel, Jokin Bildarratz.
Representantes empresariales, los ediles de Azpeitia, excepto los de ANV, y destacados miembros de todos los partidos democráticos también estuvieron en el templo. Al término del funeral, los cientos de personas que se encontraban en el exterior de la parroquia prorrumpido en aplausos.