E n complicidad y perfecta confabulación con el diseñador gráfico Martin Sigwald (de SIG, Servicios Integrales Gráficos) ha tomado posesión de un local próximo al muy noble y glorioso videoclub 27 horas y no lejos de la tienda ucraniana, del bazar peruano y del inmortal Tanit. Desde ese rincón de diseño, impresión y multimedia se han lanzado a una aventura sin igual: aprovechando ese instinto «narciso-urbanita»(sic) que nos caracteriza a los donostiarras, van a comercializar camisetas, chubasqueros, cascos y sudaderas con el logo Sansestabien.
- Usted perdonará, pero con la que está cayendo, ponerse a vender camisetas y sudaderas con la farolita, la barandilla, el Peine y los cubos no es precisamente la mejor manera de torear la crisis.
- ¿Tú crees?
- Y menos en esta zona tan poco turística de Eustasio Amilibia.
- ¿No te gusta la calle?
- ¿Bromea? Me encanta. De aquí al Aniceto y el recuerdo del Dakkar pero no he visto un guiri en siglos.
- Ya. ¿Y por qué piensas que la marca Sansestabien se la vamos a vender a los guiris?
- Mujer... no veo a un easonense llevando en el pecho los fuegos, los tamarindos y el Kursaal.
- ¿Ah no? Qué cosas. Pues yo recuerdo haber visto a no se cuántos concejales vuestros y a responsables del turismo de esta ciudad promocionando unas camisetas que llevan el Peine a la altura del costado y los Cubos en el hombro.
- Ahora que lo pienso...
- Además, ¿qué me puedes decirme tú de eso? Si los donostiarras padecéis (o gozáis) del magnífico síndrome del narcisismo urbanita?
- Ya me explicará el término. No creo que sea freudiano. Ni junguiano. Ni siquiera lacaniano.
- Es mío. Me lo acabo de inventar yo. Es que no tengo otra palabra para intentar expresar vuestra relación con el paisaje, el natural y el urbano, de esta ciudad. ¡He visto fotos, litografías, fotocopias, evocaciones del Peine del Viento en vuestras salas de estar!
- Junto al 'Gernika', que conste
- Y La Concha reproducida en los bares. Igeldo en las boutiques. Ningún madrileño planta La Cibeles en su cuarto de estar.
- ¿Ni siquiera la Puerta de Alcalá? ¿Ni la estatua de Neptuno?
- Tampoco. Sólo en las tiendas de souvenirs. O en el palacio de Espe. O en el despacho de Alberto.
- Ustedes no, vale, pero yo he visto la plaza Vendôme reproducida en las lonas que tapan obras en París.
- No es lo mismo. Yo también las he visto. En Berlín. Es mejor una lona pintada que un andamio. No, lo vuestro es otra historia: pasión por vuestra ciudad. ¿Que no os pondréis una camiseta con el logo Sansestabien? Yo juraría que alguno hasta lleva La Concha plastificada en la cartera.
- La Concha, La Concha, estoy harta de la Bahía. ¿Cuándo se darán cuenta los diseñadores de que también existe La Zurriola?
- Ven tú y pídenos una camiseta con el tema del Muro, Monpas y los surferos. Porque aquí customizamos lo que quieras. Desde camisetas a cascos; desde toldos a coches...
- Ya pero, ¿qué quiere que le diga? Eso de que yo le traiga una camiseta y usted me plante un transfer del malecón no me atrae mucho. Al segundo lavado, kaputt.
- ¡Cómo se nota que no conoces las propiedades del vinilo!
- ¿Que no? Somos la generación analógica de los discos de vinilo.
- Me refiero a los vinilos textiles que llegan desde Alemania. Apasionantemente elásticos, ecológicamente inofensivos. Acabarás tirando la camiseta pero la estampación en vinilo sobrevivirá a cualquier reciclado.
- ¿Y esa otra idea suya de una guía turístico-comercial por internet?
- Tú dices que Eustasio Amilibia es mal sitio pero la red es interplanetaria. Sacaremos un multimedia de lujo, marquista. high class. Porque está ciudad lo es. ¿O no?