DV. Poca gente no conocía a Inaxio Uria en Azpeitia. En un pueblo de apenas 14.000 habitantes, el que no le había tratado en persona, había hablado con él. La noticia del atentado corrió como la pólvora, aunque no fue precisamente el boca a boca lo que hizo que la población se enterara. «Con la gente del pueblo no lo comentamos. Depende de con quién te encuentres te pueden poner una cara u otra», confiesa una vecina muy afectada por la muerte. No hay que olvidar que en Azpeitia ANV es la segunda fuerza más votada y, de momento, quien ostenta la Alcaldía.
Así y todo, el dolor y la rabia eran la nota común de aquellos que se prestaban de forma «anónima» a mostrar sus sentimientos. «En nuestro caso los sentimos más porque era muy amigo del suegro de mi hija, que ahora está destrozado. Se conocían desde niños», comentaba esta azpeitiarra. De hecho, ese amigo de Inaxio «estuvo presente en el momento del atentado. Estaba con él y lo vio todo. Ahora está muy afectado en casa. Que veas como matan a tu mejor amigo de toda la vida no es placentero».
Según cuenta esta mujer, el suegro de su hija acudía «todos los días al mismo restaurante a reunirse con Inaxio». Su hija, que apenas puede hablar por las lágrimas, recordaba que Uria «había acudido a su boda. Era un hombre normal, del pueblo, muy trabajador».
Entre gestos de dolor, las dos azpeitiarras no paraban de preguntarse «qué solución logran los asesinos con ésto» o «qué de bueno trae» un asesinato así.
Ayer no paró de llover en Azpeitia. La poca gente que por la tarde paseaba por la calle se refugiaba en los arcos de los viejos edificios de la localidad del Urola. Otros entraban en las tiendas. En uno de esos comercios, en una zona muy cercana al Ayuntamiento, el dependiente no encontraba palabras al atentado. «No tiene ninguna lógica. Me gustaría que alguien me explicara qué razón de ser tiene un asesinato así».
Este azpeitiarra, de 37 años, confesó ser vecino del fallecido. «Vivimos en el mismo bloque y siempre que he hablado con él me ha parecido una persona muy campechana, de lo más normal... Es una injusticia», aseveró.
El dependiente se enteró del atentado en el mismo lugar de los hechos. «Llegábamos con el coche a casa y cuando vimos los coches de la Ertzaintza pensamos que habría habido algún accidente en casa de los Uria. Hace poco habían tenido un pequeño susto con una caldera en casa de uno de los hijos. Luego nos enteramos de la cruda realidad», explicaba.
«Mi padre también le conocía y se pregunta por qué. Si era un pedazo de pan», añadió este azpeitiarra que ya no sabe «si ETA lucha por lo que lucha o ya no tiene escape y no puede salir de esa espiral de violencia».
Resguardada bajo un paraguas, otra mujer que no quiso desvelar su nombre, aseguraba que «no había derecho de que quitaran la vida a nadie. Todo el mundo tienen derecho a vivir». Visiblemente enfadada por lo sucedido, esta azpeitiarra, que conocía a la familia de Inaxio «aunque no personalmente a él», deseaba «paz en el futuro y que nos respetemos los unos a los otros. No importa de qué partido o color sea cada cual».
Otro vecino de la plaza Olatz se lamentaba de que «todavía haya gente que defienda actos como el asesinato de Uria y maldiga a los empresarios». Enfadado por los «comentarios sobre el atentado de un simpatizante de la izquierda abertzale que había escuchado en la televisión», tampoco se explicaba lo sucedido. «Era migo mío. Un hombre corriente, de los de txikiteo, del pueblo de toda la vida»...