DV. Hace exactamente veinte años Editorial Nerea publicó su primer libro. En estas dos décadas ha editado más de 250 títulos, acumula premios y prestigio y se ha convertido en un sello respetado en el mundo editorial. «Pero la mejor página está por escribir o, en nuestro caso, por editar», afirma la donostiarra Marta Casares, fundadora y hoy consejera delegada de la editorial.
Acaban de presentar en Madrid La plaza Mayor y los orígenes del Madrid barroco, de Jesús Escobar, una obra definitiva sobre ese símbolo arquitectónico de la capital madrileña, y el mes pasado recibieron el premio de la Academia Española de Gastronomía por Txakolina, otro poderoso volumen sobre el vino guipuzcoano. Esos dos hitos recientes marcan las dos caras de la actividad editorial de Nerea: la publicación de obras cuidadas hasta el mínimo detalle, especializadas en arte o historia, en general, o específicamente en cultura vasca.
Principio de intenciones
Su sede es ahora una coqueta oficina en la calle Aldámar de San Sebastián, un local donde los libros y la literatura se hacen presentes incluso en la decoración de las paredes. Pero todo empezó más lejos, en el tiempo y en el espacio.
«En 1988 nos juntamos en Madrid un grupo de profesores universitarios y profesionales de la edición: algunos venían de Alianza Editorial. Buscábamos hacer libros sobre arte o historia, con rigor, buscando autores de primer orden, hispanistas de prestigio en algún caso, y crear obras que se consolidaran como clásicas en el paso del tiempo». Así resume Marta Casares aquella primera declaración de intenciones. «Y elegimos de nombre Nerea, aunque yo era la única vasca, por su sonoridad».
Comenzó así una senda que pronto encontraría verdaderos best-seller en el especializado campo de los «libros de culto». La casa. Historia de una idea, de Witold Rybczynski, una revisión histórica de la idea de casa desde los palacios medievales hasta la actualidad, ha alcanzado ya ocho ediciones. Isabel y Fernando, los Reyes Católicos, de Joseph Pérez, fue uno de los primeros libros editados y ha terminado como una de las obras características del sello.
En 1999 Marta Casares decidió regresar al País Vasco. «Con las nuevas tecnologías se puede trabajar en red desde cualquier lugar del mundo, y yo quería volver a mi ciudad tras 24 años en Madrid». Y así, la línea de Nerea se enriqueció con más productos concebidos «con la mirada puesta en la cultura vasca, que es tanto como ponerla en lo universal», reflexiona Casares. «Porque, por ejemplo, el libro de Soledad Alvarez sobre la escultura de Oteiza es uno de los mejores volúmenes publicados sobre el gran escultor», añade Casares. «Nos encantaría poder hacer libros semejantes otros artistas de la escuela vasca, como Chillida, Basterretxea o Mendiburu».
¿Editar en Euskadi es llorar? «No, pero sí es cierto que en algunas instituciones falta una mayor sensibilidad para la edición profesional. Nosotros no pedimos ayudas a las instituciones, sino colaborar. Hay entidades que sacan libros al mercado sin el mimo o el rigor de una edición profesional, y eso es lo que tratamos de brindar en Nerea», explica Marta Casares.
Publican una media de quince libros al año, realizan trabajos por encargo para entidades como la Fundación BBVA y sobre su mesa se acumulan hoy en día numerosos proyectos, desde una gran monografía sobre el hormigón hasta nuevos títulos de la colección de arte y feminismo. Una de sus últimas producciones, con el agua como protagonista, será el libro navideño de Kutxa, que se presenta precisamente hoy, según avanza Marién Nieva, directora editorial de Nerea.
«Si no quedara cursi diríamos que lo que marca nuestro trabajo es editar con amor al libro y el máximo rigor a la vez», concluye Casares. Y confiesa que en Nerea, un «gineceo» en el que sólo trabajan mujeres, tienen cuerda para rato «Los veinte años, con el premio por Taxkolina incluido, son un reto para seguir avanzado», termina. Cumpleaños feliz.
mezquiaga