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Cultura

02.12.08 -

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«Para la música vasca es como si se hubiera muerto Bob Dylan», resumía ayer el periodista madrileño Javier Rioyo. El planeta de la cultura vasca está de luto, pero también los universos que jalonan la biografía del cantante. Si la pasaitarra San Juan, donde su padre tocaba el fiscornio en la banda La Constancia, fue el escenario de sus años más jóvenes, Zaragoza acogió su tiempo de estudiante de Medicina y Barcelona, donde vivió dos años, su apertura a las nuevas tendencias.
Pero ya en Donostia abriría otras geografías que marcarían su vida. La profesional, en Miramón, donde desarrolló su trabajo como psiquiatra infantil en el Patronato San Miguel. En Usurbil, de la mano de los hermanos Artze, gestó un microcosmos del que saldrían algunas de sus creaciones fundamentales. Y en San Sebastián se convirtió en un antiguotarra militante, de los que consideraban toda una excursión cruzar el túnel hacia el centro de la ciudad.
Vivía en Aiete, se «socializaba» en el Antiguo y en Igeldo buscaba la paz. En Buenavista pasó largos mediodías con su esposa Marisol, como recordaba también ayer en el tanatario la familia Irizar, con quienes Laboa compartió en Buenavista tantas charlas frente al mar.
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