SAN SEBASTIÁN. DV. La música de Laboa se ha sustentado sobre tres vértices vinculados a otros tantos espacios musicales: el cancionero tradicional euskaldun hasta mediados de los sesenta, la poesía de poetas contemporáneos a partir del 66 y, por último, el eje que recorre ambas facetas y su trayectoria: sus experimentales Lekeitios, la búsqueda de una expresividad sonora distinta, un espacio abierto a la indagación fonética desde la radicalidad, alejado del lenguaje convencional en busca de una forma de comunicación diferente.
Laboa persiguió la musicalidad de las palabras desde sus comienzos. Su música arrancó en los cincuenta a la sombra de las canciones de George Brassens, Violeta Parra y Atahualpa Yupanqui para adentrarse en el viejo cancionero euskaldun. Sus primeros EPs, editados a mediados de los sesenta, incluían ya su revisión del tradicional Oh Peio, Peio y poemas musicados de Aresti, Salvador Espriu o Bertolt Brecht.
Influido por las corrientes artísticas vividas durante su estancia en Barcelona, en especial con los representantes de la nova cancó, Laboa fundó a su su regreso a Euskadi el colectivo Ez dok Amairu. Tras su disolución en 1972, retomó su carrera en solitario y publicó su primer álbum, el doble Bat Iru (era triple pero la censura eliminó el segundo), considerado ya un hito de la música vasca.
En el disco restallan piezas inmortale de la memoria musical euskaldun: Baga, Biga, Higa (Lekeitio 2), Haika mutil, Txoria txori o Gernika (Lekeitio 4) y están ya fijadas las señas de identidad y los criterios que convirtieron a Laboa en leyenda: su uso de las onomatopeyas, los tempos, los cambios de ritmo, la desnudez musical aparente, los crescendos intensos, los juegos fonéticos e idiomáticos, las variaciones, los climax dramáticos, las letanías, recitados y repeticiones que convertían piezas como Gernika en hitos de la sonoridad moderna que buscan inducir en el oyente sentimientos y reacciones en estado puro.
Laboa había sido capaz de llevar más allá el papel de trovador y cantautor al uso y en sentido clásico para fusionarlo con un modo de explorar las posibilidades formales y expresivas de música, palabra y voz que lo hermanaban con las vanguardias de toda condición artística, una dinámica que él alimentaba con su acercamiento a otras disciplinas artísticas como la pintura, a través de las portadas de Zumeta, la poesía, el teatro o la literatura (Atxaga, Sarrionandia).
Mano derecha
Con la llegada en 1985 de su mano derecha desde entonces, el pianista Iñaki Salvador, Laboa se acercó al jazz. «El trabajo con Mikel en el estudio era peculiar pero tenía una virtud que lo hacía especial», recordaba ayer. «Te daba como músico una gran libertad pero él tenía muy claro lo que quería y siempre era capaz de, con elegancia, extraer de tu libertad lo que quería incorporar a cada canción».
Poco a poco fue espaciando y dilatando más en el tiempo tanto sus comparecencias en escena como sus grabaciones. Tras 14, publicado hace ya 15 años, sólo publicó un disco con nuevo material, Xoriek 17, grabación iniciada en 1996 que finalizó en 2005. Problemas de salud del artista hicieron que el trabajo tuviera que suspenderse y reiniciarse en varias ocasiones, hasta el extremo de que el propio Laboa bromeó con ello durante su presentación: «En este disco he pasado mucho tiempo en el estudio pero también en la cama, me parece feo decir que éste va a ser mi último disco aunque igual mañana resulta que la diño».
En este tiempo el mercado ha visto el lanzamiento de recopilatorios, revisiones, discos en directo, versiones orquestadas, corales, instrumentales, que han puesto de manifiesto que la música de Laboa ha ido perdurando a base de la reinvención de un repertorio insólito y excepcional capaz de admitir permanentes nuevas lecturas que, por otro lado, no escondían la cada vez mayor dificultad del artista para dar con la senda de la inspiración.
«Desde el concierto de Dylan digamos que no trabajamos en nada juntos», confesaba Salvador. Esa realidad no le impide romper una última lanza por él. «Le notaba cansado pero es importante subrayar que siempre fue una persona que musicalmente nunca tiró la toalla. Tenía una creatividad desbordante porque en lo musical siempre fue una persona valiente. Otra cosa es que veas que las fuerzas no acompañan pero él nunca se rindió en lo musical».