DV. Elogios, recuerdos, cierto estupor ante una ausencia tan definitiva como difícil de asimilar, primeros síntomas de nostalgia y, sobre todo, mucho cariño y admiración para hacer conjurar la ausencia de Mikel Laboa.
Desde que a las cinco de la tarde de ayer se abrieron al público las puertas de la sala del tanatorio de Funeraria Vascongada del barrio donostiarra de Rekalde en la que la familia pasaba sus últimas horas con Laboa -ataviado con su característica chaqueta azul y su inseparable boina-, multitud de amigos se acercaron a visitarle por última vez; a ofrecer y a buscar consuelo.
En medio de una expectación inusitada por parte de los medios de comunicación, la diversidad de quienes acudían a la capilla ardiente en una tarde especialmente gris y desapacible era la muestra más clara del amplísimo espacio que ha ocupado Mikel Laboa durante varias décadas en la cultura y la sociedad vascas. Su carácter referencial e insustituible fue puesto de manifiesto, entre otros muchos, por Benito Lertxundi, que acudió al tanatorio a primera hora de la tarde, al igual que otros integrantes de Ez dok amairu como Antton Valverde, Joxean Artze, Joxe Anjel Irigarai o Nekane Oiarbide. Tampoco faltó Xabier Lete. Su abrazo con Bernardo Atxaga -«ahora no puedo hablar de él, es alguien que me resulta demasiado cercano», afirmó el escritor de Asteasu- hizo innecesarias las palabras. Su asiduo colaborador Iñaki Salvador, Ruper Ordorika o los hermanos Javier y Fermin Muguruza, quien destacó que Laboa «siempre estaba dispuesto a echar una mano a la gente joven, se mostraba muy interesado por nuestro trabajo», también se despidieron del creador donostiarra, así como el escultor Koldobika Jauregi, el folklorista y coreógrafo Juan Antonio Urbeltz, el cocinero Luis Irizar, los escritores Felix Maraña y Joxe Agustin Arrieta... Y, cuando se completó esta relación parcial de asistentes al velatorio de Laboa, apenas había transcurrido una hora desde que su familia compartía la despedida con quienes deseaban decir adiós al cantante, que será incinerado esta mañana.
Aunque unos pocos atraían la atención de las cámaras, se adentraban en la sala en la que se velaba el cadáver de Laboa -a la que los medios de comunicación no tuvieron acceso-. otros muchos amigos y personas vinculadas al mundo de la cultura vasca en su más amplia acepción. La presencia de políticos fue igualmente nutrida. Cargos institucionales como Markel Olano, María Jesús Aranburu o Miren Azkaratecompartieron velatorio con, entre otros, el ex diputado general Roman Sudupe o el ex diputado foral y ex consejero del Gobierno Vasco Luis Mari Bandrés. Acompañado por el ex secretario general de LAB, Rafa Díez, también acudió al tanatorio Arnaldo Otegi.
Y también los ciudadanos de a pie empezaban a echar de menos a Laboa a través del libro de condolencias que se instaló en el Ayuntamiento de San Sebastián y de la web www.donostia.org.