DV. Más de un directivo de Kutxa se levantaría ayer frotándose los ojos, preguntándose una y otra vez qué había ocurrido el viernes en la Asamblea General para que, contra todo pronóstico, se rechazara la fusión con la BBK. Lo cierto es que mientras los grupos políticos aprovechaban la jornada de resaca para cruzarse entre sí todo tipo de acusaciones -la más cariñosa hablaba de irresponsabilidad-, en privado veteranos de la política guipuzcoana no escondían su malestar ante el «exceso de confianza» que han mostrado algunos impulsores de la fusión a la hora de embarcarse en un proyecto de semejante envergadura «sin tener las cosas bien atadas». «La urgencia y conveniencia de la fusión ante la crisis económica les ha podido», admitían.
En los próximos días habrá tiempo para especular sobre los errores del proyecto de fusión, pero el rechazo a la nueva Kutxa ha vuelto a poner sobre la mesa un problema mucho más hondo y preocupante que ya va camino de convertirse en endémico en Gipuzkoa: la imposibilidad de llegar a acuerdos de calado para abordar los grandes proyectos estratégicos. Ejemplos no faltan: aeropuerto, puerto exterior de Pasaia, incineradora, y ahora, una institución que parecía intocable: la Kutxa.
Cuatro abstenciones
La Asamblea de Kutxa rechazaba el viernes el proyecto de fusión con la BBK al producirse cuatro abstenciones que impidieron que prosperara la integración, respaldada sin embargo de forma mayoritaria en la entidad vizcaína. En ambas asambleas era necesario el apoyo de dos tercios de los asistentes. Sin embargo, en Kutxa no pudo ser. De los 100 compromisarios asistentes, se contabilizaron únicamente 63 votos a favor (necesitaba 67), frente a 33 en contra y 4 abstenciones. Resultado: la fusión deberá esperar.
El resultado de la votación sorprendió a muchos de los partidarios de la fusión, que daban por hecho que la dirección de Kutxa tendría amarrados los apoyos suficientes. En principio, las matemáticas no respaldaban el proyecto. Los 51 representantes de PNV y EA, 9 de CC OO, 2 del colectivo Pixkanaka, 3 de EB y 1 de Aralar dejaban el respaldo al proyecto a falta de un solo voto. Los 18 compromisarios del PSE, 3 del PP, 3 de ANV, 1 de ELA, 1 de LAB y 8 de la agrupación de impositores de la izquierda abertzale Banatuz ya habían adelantado su voto negativo. Sin embargo, durante las horas previas a la fusión ya se insinuaban posibles desmarques de la línea oficial que marcaba cada agrupación. El resultado de la votación -secreta a petición de PSE y Banatuz- demuestra que sí. Hubo desmarques, aunque supuestamente en el bando que apoyaba la fusión.
La mayoría de las miradas se ha puesto sobre los tres representantes de EB, que se habrían abstenido yendo en contra de la indicación realizada por el secretario general de su partido, Javier Madrazo, de votar a favor de la fusión. Una postura que no extraña excesivamente, dado que los tres representantes se encuadran entre los críticos a la línea oficial. Obviamente, la dirección de EB rechaza de plano la acusación. «Habíamos conseguido garantizar la pluralidad de los órganos de gobierno de Kutxa, por lo que nuestro voto era favorable», se defiende.
«Aún con su apoyo, la fusión tampoco hubiera salido adelante», se lamentaba ayer un veterano político guipuzcoanos defensor de la unión de Kutxa y BBK. Algunas voces critican que la decisión de la dirección de Kutxa de permitir el voto secreto ha perjudicado a sus propios intereses. «De esta forma, los compromisarios se podían desmarcar de la orden de voto de su partido». «Todo lo contrario -respondía ayer otro dirigente guipuzcoano-. Con los apoyos que se habían hecho públicos no era suficiente. El voto abierto no hubiera permitido desmarques».
Pocas voces se atreven a esbozar con detalle las negociaciones que se han dado en el seno de Kutxa a la hora de buscar los apoyos a la fusión. Sólo al día siguiente de rechazado el proyecto coinciden en reconocer «que ha faltado más cocina. En un proyecto de esta envergadura se tenían que haber atado mucho mejor los apoyos». Pero esa reflexión llega al día siguiente. Esas mismas voces, horas antes de la fusión, daban por hecho, tranquilos, el respaldo mayoritario. ¿Quién les transmitió esa tranquilidad? «Parece que nadie. Mucha gente, involucrada en la fusión, se ha guiado de las informaciones periodísticas o de los rumores. Que si desmarques del PSE, que si el voto secreto... Al final se ha demostrado que había agujeros», apunta un dirigente nacionalista.
Neutralidad fiscal
Algunos detalles también revelan las dificultades a las que se ha tenido que enfrentar el proyecto de fusión entre Kutxa y BBK. El acuerdo final sobre la neutralidad fiscal -para que ni Gipuzkoa ni Vizcaya salieran beneficiadas o perjudicadas con los temas de tributación- no se cerró hasta el jueves, la víspera de la votación. «Y no ha sido nada fácil. Digamos, que le ha costado bastantes reuniones al diputado de Hacienda, Pello González», indica una fuente conocedora del proceso.
¿Y ahora qué? Esa es la pregunta del millón. La opción de convocar una segunda votación parece descartada de antemano, así que todo indica a que habrá que esperar al resultados de las elecciones autonómicas para abordar de nuevo un proceso de fusión, esta vez probablemente integrando a la Vital alavesa.
Mientras tanto, surgen varias interrogantes. La nueva Kutxa se hubiera convertido en la tercera caja del Estado por patrimonio y beneficios, pertrechándose así de un valioso escudo anticrisis del que fundamentalente se hubieran beneficiado sus clientes y las empresas guipuzcoanos, máxime en un contexto global de restricción de crédito. «Veremos qué ocurre ahora con algunos programas de apoyo a las empresas. Kutxa intentará estar a su lado, pero con la fusión hubiera sido más fácil», adelantaba ayer un experto fiscal.
Pero hay otros mensajes que, tras la votación del viernes, ha creado aún más inquietud. «La BBK no renunciará a convertirse en la Kutxa de referencia en Euskadi», señaló Xabier Irala, presidente de la entidad vizcaína. «En la práctica, podría tratarse de un adiós al pacto de no agresión entre las cajas vascas. Quizá la BBK se replantee ahora abrir sucursales en Gipuzkoa», alertaba ayer un empleado de Kutxa.
Por el momento, el presidente de la caja de ahorros guipuzcoana, Xabier Iturbe, confirmó la existencia de un Plan B en caso de rechazo a la fusión, lo que según señalan algunas voces podría acompañarse de un reajuste en la red de oficinas de la entidad fuera del País Vasco.
Mientras las formaciones políticas y sindicales van digiriendo el resultado de la votación del viernes en la Asamblea de Kutxa, en algunas formaciones políticas se vuelve a palpar con fuerza un halo de resignación ante la «imposibilidad» de que, debido a las diferencias políticas, los grandes proyectos estratégicos de Gipuzkoa logren avanzar. «No nos ponemos de acuerdo en nada y así no vamos a ninguna parte. Unos dicen que el PNV sólo impone y otros nos critican que sólo vetamos. Y lo peor es que todos creemos tener razón. Lo cierto es que Gipuzkoa se queda quieta y Vizcaya, por ejemplo, no para de avanzar. Debemos tener una mayor altura de miras», lamentaba ayer un dirigente guipuzcoano de un partido no nacionalista. «La fusión no ha salido, pero nadie está contento por ello. No hay vencedores y vencidos, porque el espectáculo no deja de ser triste», concluía. dtaberna