DV. La aparición y el desarrollo de una serie de espacios de sociabilidad informal, de nuevos centros y actividades culturales como los cafés y las tertulias, los museos o los grandes casinos no fue casual. En la sociedad tradicional, era la nobleza y el clero quienes se caracterizaban por dedicarse al ocio en vez de al trabajo, su estatus les permitía vivir de las rentas. Pero la revolución de 1848 reivindicaría entonces los postulados democráticos, lo que impulsaría que crecientes segmentos de la población accedieran a disfrutar de las actividades del ocio. Ahora, y de la mano del museo Zumalakarregi, centro de referencia en el conocimiento y disfrute del siglo XIX, se presenta en la Ganbara del Koldo Mitxelena la exposición El descubrimiento del ocio, que retrata en grandes paneles la perspectiva burguesa en la socialización del divertimento a través de grabados, fotografías, caricaturas y elementos de la época que recogen el sentir del cambio y donde el País Vasco está muy presente. ¿Pero qué factores influyeron en la irrupción del ocio?
María Zozaya, profesora de la Universidad Complutense de Madrid y especialista en el ocio del siglo XIX, considera que su evolución estuvo marcada por «los cambios políticos». «Los espacios de ocio se emplazaron para canalizar políticas estatales o regionalistas. Si bien los contenidos de la obras teatrales, la música de los bailes y la lengua se usaban como postulados de la nacionalización, las tendencias regionalistas -que se convertirían en nacionalistas a finales de siglo- encontrarían su espacio en orfeones y asociaciones, que se utilizarían para mantener vivas las lenguas de los territorio».
Las clases sociales también determinarían los espacios ociosos de reunión. «Los obreros utilizaban la taberna, los orfeones y los ateneos como armas de instrucción. Las estratos más populares por su parte, los cafés del trienio, donde discutirían ideales». Los grupos de poder, sin embargo, tuvieron gran presencia en las costas vasco-francesas donde, «a través de los grandes casinos y pudientes balnearios, se reunirían para planear futuros levantamientos políticos». El San Sebastián de las altas esferas, del lujo de sus casinos y sus gentes pudientes queda muy bien reflejado en esta muestra, que recoge dibujos y representaciones de la actividad ociosa de la época.
Deporte y tradición
Pero el ocio no estaba concebido sólo para las élites. En el País Vasco la pelota congregaba a numerosos curiosos, que reunidos en los frontones hacían tambalear los cimientos de la feria taurina, poniendo en duda la continuidad de la lidia ante el empuje pelotazale. En la muestra se recogen dibujos, carteles de espectáculos como la sokamuturra, muy vinculados al ocio popular, así como un cuadro, cedido por el Museos Vasco de la Historia de Bayona, que recrea a dos pelotaris en plena batalla. Las romerías populares también se convirtieron en un referente, donde la música y los bailes se mezclaban con la alegría de la sidra y el txakoli.
Asimismo, la exposición también recoge piezas de ocio decimonónico que se relacionan con diversas actividades lúdicas de la época como el teatro, la danza, el circo o exposiciones universales. El Photomuseum de Zarautz, por su parte, presta una colección de materiales relacionados con los antecedentes del cine y que pertenecen al denominado ocio particular.
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