Años de sillín, volante y despachos flanquean un currículum que ha recorrido todos los estamentos de la familia ciclista. Arrugas que encierran episodios secretos del gremio y pelo color leyenda. La carrera de fondo a la que suena su voz añeja le ha llevado hasta el Comité Directivo de la UCI. Allí se regulan las normas de la casa donde ha habitado toda su vida. El ciclismo. Las jornadas de tecnificación de la federación le han dado la oportunidad de ejercer de guía por una mansión desconocida y, quizás por eso, hostil.
- ¿No le parece que el aficionado tiene una idea negativa de la UCI?
- Tienen la imagen de lo que leen. Y se han dicho muchas mentiras. Ni se levanta a los ciclistas a las cinco de la mañana ni la UCI ha querido apropiarse de los contratos televisivos de las grandes vueltas, ni otras muchas cosas. La idea es peyorativa hasta que explicas lo que hacemos.
- Adelante.
- La UCI establece la legislación del ciclismo. Unas reglas que hay que respetar para que sea posible un calendario internacional. Unos códigos a los que se tienen que ajustar todas las federaciones.
- Que son muchas.
- Hay ciclismo en los cinco continentes. Cada uno tiene su confederación con su junta directiva. Hay más ciclismo del que vemos. En un país como Eritrea tenemos más de dos mil licencias. La UCI coordina todo esto. En el Comité Directivo nos reunimos quince personas, incluidos los cinco presidentes de las confederaciones. Lo que ocurre es que al que manda siempre se le odia.
- Últimamente no se sabe muy bien quién manda en el ciclismo.
- Los últimos tres años ASO, con todos los perritos falderos que se le han juntado, ha planteado una guerra a la UCI. Querían mandar ellos. Organizar una federación internacional paralela. Acusaban a la UCI de querer crear un coto cerrado con el Pro Tour y ellos han querido hacer lo mismo. El COI dejó claro que no podía haber otra federación internacional y la sanción a la francesa movilizó a los estamentos internacionales que actuaron para zanjar la crisis.
- ¿Quiere decir que la UCI tenía razón por ejemplo con el Pro Tour?
- Nunca hemos tenido nada contra el Tour. Marcábamos una reglas para todos. Incluso siendo flexibles con cláusulas propias suyas. Hemos respetado el acuerdo al que han llegado con los mejores equipos para correr sus pruebas. El Pro Tour no ha sido algo perfecto. Ahora bien, también hay directores que nos aseguran que es fenomenal para ellos, aunque reconocemos que a otros les perjudica.
- ¿La solución?
- Parece que apunta hacia un grupo de menos equipos, 15 o 16, con un calendario más reducido. Y dejar a los equipos continentales que puedan correr las pruebas importantes de sus países.
- ¿Cómo va su cruzada contra el dopaje?
- No tenemos otro remedio que seguir con ella porque se ha hecho mucho daño al ciclismo con los escándalos que ha habido. Alguien tiene que poner una disciplina.
- Hay formas y formas.
- Si me preguntas por el pasaporte biológico, creo que no hay derecho. Es triste llegar a eso, y tener que gastar seis millones de euros al año. Pero las reglas están para cumplirlas. El que ha provocado esta situación es el mismo ciclista. Llamémoslo el engañado, el ambicioso, el atrevido, como sea. Luchamos por la transparencia. Lo que hagan otros deportes es cosa suya.
- ¿No lo hacen?
- Si todos los deportes actuaran como nosotros en el apartado de los controles la gente tendría otra idea. Hace poco la mujer de Eufemiano decía que «si hablo pongo todo el deporte español patas arriba». De las 200 supuestas bolsas, apenas un cuarto eran de ciclistas. Que diga el señor director del Consejo Superior de Deportes de quién eran las otras.
- ¿Le gustaría?
- Deberían. Pero nosotros tenemos que seguir haciendo respetar las normas. Si no hubiera positivos estaríamos hablando de gestas y de épica. Ojalá lleguemos a eso. Pero no por ocultar la realidad. Las leyes están para algo.