El paso de un tren a través de nuestras calles, nuestros montes, nuestros paisajes... casi siempre gusta a niños y mayores. Ver alejarse un tren, desde que fue inventado, sigue manteniendo el misterio de ser «aquello que nos lleva donde la imaginación quiera», por eso ¡qué mejor que tener un tren en cada casa!
Aunque todavía siguen causando sensación, la prioridad de los trenes eléctricos en miniatura ha sido relevada por otros juegos más modernos, más efectistas y de menor complejidad en su manejo, pero... ¡un tren eléctrico sigue siendo mucho tren eléctrico!
Quedan pocos padres que se regalan un tren simulando ser el regalo para sus hijos, como lo hacen con muchas consolas, pero hace todavía pocos años, cuarenta para ser más exactos, los trenes en miniatura no sólo contaban con muchos aficionados sino que hasta consiguieron asociarse y obtener su propio local, todavía vigente y con actividad.
La historia de estos hombres grandes hechos niños comenzó en San Sebastián cuando, en lo que se llamaba «los bajos del Ayuntamiento», la Unión Internacional de Ferrocarriles organizó una exposición de trenes en miniatura participando Francia, Alemania, Suiza, Italia y España.
Además de los participantes, allí se dieron cita distintos aficionados donostiarras, destacando el doctor Fernando Mª. Merino por su extraordinaria colección, y... si tantos había, se preguntó Antonio Zulueta, presidente de la Comisión Congresos Ferias y Exposiciones, ¿por qué no fundar una Asociación? Así se creó una gestora presidida por el citado doctor y teniendo como secretario al autor de estas líneas.
Apenas hecho un llamado a través de la prensa, la Asociación ya tenía treinta inscripciones ¡y dos locomotoras!: una de siete y otra de 80 toneladas. La grande, «una sensacional locomotora del Oeste americano», se pensó podría ser colocada como atracción en el parque Cristina Enea, pero la burocracia lo dificultó.
Con estas miniaturas, ubicadas en una vía muerta de la Estación del Norte, comenzó la andadura de la nueva entidad para la que RENFE cedió unos locales junto a las escaleras que unen los paseos de Francia y Duque de Mandas. La inauguración oficial tuvo lugar en enero de 1970, siendo nombrado Presidente de Honor don Federico Zappino.
Y así los niños grandes pudimos jugar a trenes con la excusa, muchas veces, de que eran los pequeños quienes querían jugar... tal vez por eso, en aquella fecha, fue inscrito como socio el más benjamín de todos: Fernando Lemoniez «que tiene tan sólo tres meses de edad».