- ¿Cuál fue la esencia de la propuesta de Santiago de Compostela para la Capitalidad del 2000?
- La propuesta trataba de cubrir un proyecto urbano conectado con lo cultural que era relativamente conceptual. Aparte de las cuestiones conceptuales de la dimensión civil del hecho religioso que tiene Santiago de Compostela, el reto era el cómo unir el proyecto con una participación de las instituciones locales.
- ¿Qué supuso el que en el 2000 salieran elegidas nueve ciudades para la Capitalidad Cultural?
- Fue insólito. Hasta ese momento cada año recaía en una y en el 2000 cambió absolutamente. Hubo una invitación a la coperación entre todas las ciudades elegidas y realmente entre lo que presentamos y lo que resultó hubo una gran distancia. En medio se generaron procesos de participación con ideas de las otras ciudades y al final llevamos un proyecto distinto al inicial en el plano cultural, aunque no en la manera de entender qué debía ser la Capitalidad. Eso se mantuvo igual.
- ¿Qué poso cultural ha dejado en Santiago la Capitalidad?
- El de la acción cultural en sí, que consolidó iniciativas culturales como la creacción de la Filarmónica de Galicia y la Escuela de Estudios Musicales, la sede del Centro Dramático de Galicia o la creación de la Fundación Eugenio Granell. Ademas, lo que era el tejido cultural de la ciudad se ha dinamizado de forma muy importante. El balance es muy positivo.
- ¿Y en otros aspectos?
- Desde el punto de vista de marketing urbano ha resultado muy útil. Además de la significación religiosa deseábamos que tuviera una significación de carácter civil que atrajese a otro tipo de público que enriqueciese el proyecto urbano. Eso ha funcionado porque la diversidad y el perfil del visitante ha cambiado. Por ultimo, la generación de infraestructuras ha permitido un desarrollo de la ciudad muy importante que podemos medir en la tasa de empleo con un crecimiento de un 34% que, de alguna manera ha tenido que ver en algo con la Capitalidad.
- Desde su experiencia ¿qué recomendaría a San Sebastián?
- Me parece fundamental no creer que el evento sólo vale para ese año concreto. Lo fundamental es lanzar, desde el primer momento que optas a la candidatura, un proceso de participación y de vinculación de la ciudad alrededor de la cultura que en sí mismo es un activo muy importante para el desarrollo futuro. Si consigues que la gente se involucre estás consiguiendo, tanto si se logra ser elegido como si no, que la ciudadanía esté en la pelea.
- ¿Cuáles considera que son los puntos fuertes y débiles de Donostia en su candidatura?
- El fuerte son los eventos que ya tiene y que, de alguna manera, le da una legitimidad. Otro activo es la posición geográfica que da lugar a que pueda desencadenar acciones culturales muy atractivas.
El handicap está en la competencia estatal que va a tener y que se lo pondrá muy difícil. Pienso que podría ser útil el tratar de reforzar la posición de la candidatura con un aliado polaco que también esté en la pelea por la candidatura.
- ¿Cómo habría que vender el proyecto a la ciudadanía?
- Vender el resultado si se gana no es difícil, el problema es conseguir que eso que vendes a la ciudadanía tenga valor aun cuando no consigas la candidatura. El hecho de estar en la pelea crea un proceso que ya en sí es bueno y que va a dar unos beneficios. Conseguir hacer ver a la ciudadanía que estar en ese viaje es bueno en sí mismo, sería lo más positivo. Ahí está la clave.