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RSS | ed. impresa | Regístrate | 16 marzo 2010

Política

POLÍTICA

Profesores y vecinos repasan la juventud de Garikoitz Aspiazu en su barrio natal
19.11.08 -

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DV. Echando la vista atrás, la vida de Garikoitz Aspiazu Rubina antes de pasarse a ETA y convertirse en el terrorista más buscado no parecía muy distinta a la de otros jóvenes. Creció donde vivía, en Santutxu, un populoso distrito del Bilbao más casta. Es un barrio obrero, con una fuerte presencia de emigrantes. Garikoitz hizo la catequesis en la parroquia de San Francisquito, al lado de casa. Cerca está la iglesia del Carmelo, que hasta hace un año acogía en un local anexo el gaztetxe. Hoy es un centro para mayores con discapacidades.
Aspiazu estudió en la ikastola Karmelo y, a principios de los 90 se trasladó a Vitoria para cursar Educación Física en el IVEF, donde le recuerdan ahora como un alumno más bien «solitario», «que iba a su aire», pero que cuando se significaba por algo se le veía «poniendo pancartas» en favor de los presos de ETA junto a «otros borrokas». Dentro de clase, «flojito, flojito» como estudiante, rememoran antiguos profesores. Las imágenes de la detención de Txeroki como jefe etarra han refrescado la memoria de quienes le conocieron en sus facetas más cotidianas.
La estética por aquel entonces tampoco es que les llamara la atención, pues quién no ha llevado media melena, un pendiente de aro, un forro polar o unas botas de monte o, mejor aún, de militar, sobre todo cuando el rock radical vasco era la banda sonora de la calle. Garikoitz Aspiazu, nacido en 1973 en Bilbao, salió de marcha por los bares de la zona de Santutxu y trabajó de camarero en un bar de la plaza de Bilbao la Vieja, la parte borroka de esta preciosa ribera de la ciudad que se regenera en la actualidad como una especie de Soho, la Chueca botxera.
A finales de los ochenta Garikoitz Aspiazu era un adolescente, como Carlos García. Visto desde fuera puede parecer algo macabro, pero García, concejal hoy del PP en Bilbao, y quien luego se convirtió en Txeroki fueron vecinos durante aquellos años de juventud, de los de ventana con ventana. «Le conocía de vista del barrio. Hemos llevado como vidas paralelas, aunque después completamente opuestas», explica el edil, hostigado por el entorno radical desde que resultó electo. ETA llegó a disponer de una llave de su vivienda, según los papeles de Susper.
«Poco reflexivo»
García, natural de Santutxu y nacido en 1977, estudió muy cerca de Aspiazu en el colegio Berriotxoa, sólo separado de la ikastola Karmelo por la calle Menéndez Pelayo. Admite que su idílica juventud cambió para él cuando tenía 16 años, cuando una bomba acabó con la vida de un policía. García recuerda que en el barrio llamaban al etarra Gari patillas.
En 1991, Aspiazu se matriculó en el IVEF de Vitoria, donde coincidió con personalidades hoy vinculadas a la élite del deporte vasco. Desde el anonimato, profesores de entonces recuerdan que este alumno pasó más bien «desapercibido». «Solía estar como apartado del resto. Iba andando a clase solo, mirando al suelo», rememoran. Dentro del aula, «demostraba poca capacidad reflexiva». «No era capaz de buscar argumentos cuando se le preguntaba», explica otro profesor, que no puede confirmar si llegó a licenciarse. A finales de 1999, después de que ETA rompiera la tregua, Aspiazu se enrola en la banda terrorista.
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