DV. Un total de tres personas pernoctaron el pasado sábado en el Neguko Aterpea o Piso del Frío en su primera jornada en funcionamiento. Las temperaturas, cercanas a diez grados, hicieron que el arranque de este servicio del Ayuntamiento de San Sebastián, que permite a quienes carecen de hogar dormir al abrigo del frío hasta la llegada de la primavera, fuera más discreto que el pasado año, cuando se contabilizó medio centenar de usuarios.
Minutos antes de las nueve de la noche, hora fijada para su apertura diaria, una persona aguardaba ya a las puertas del equipamiento situado en el Alto de Zorroaga. Dos de los seis educadores que se ocupan de éste le pedían el ticket que cada mañana, desde las 8.30 y hasta las 10.30 horas, se reparte en el Servicio Municipal de Urgencias Sociales (SMUS).
«Es imprescindible presentarlo para poder acceder a las instalaciones», explicaba María Romero, coordinadora de Neguko Aterpea y directora territorial de RAIS Gipuzkoa, adjudicataria de este centro, ante la reacción de sorpresa del visitante, quien prefería no insistir. Un cordial «hasta mañana» se convertía en la promesa de un regreso que, en la próxima ocasión, no se vería frustrado.
Media hora más tarde, el timbre volvía a sonar. Se trataba de uno de los habituales de este servicio y, esta vez sí, en posesión del ticket. Los educadores le invitaban a elegir una de las cuarenta hamacas habilitadas en el interior del inmueble -algunas de ellas separadas por un biombo para ser ocupadas por mujeres - y a descansar en el denominado espacio común, un área destinada a ver la televisión, entretenerse con diferentes juegos de mesa y disfrutar de un té o un caldo caliente antes de irse a dormir.
«A las doce menos diez apagamos la tele y las luces, y todo el mundo tiene que estar en la cama», informaba María Romero al hombre de mediana edad que, agradecido por no tener que pasar la noche en la calle, optaba por darse una ducha. Para ello, solicitaba un kit de higiene, compuesto de gel y toallas desechables, así como una muda de ropa limpia.
La madrugada avanzaba, los mercurios iniciaban un lento descenso y alguien llamaba nuevamente a la puerta de Neguko Aterpea. Dos hombres hacían su entrada en el local provistos de sendas mochilas igual de maltrechas por único equipaje. Ambos eran informados de las normas recogidas en el reglamento interno que, colocado en la pared, ha sido traducido al francés, inglés, ruso, rumano y árabe para facilitar su comprensión: «No se puede fumar dentro ni consumir ninguna sustancia; hay que respetar el centro y a las personas que trabajan en él...».
Labor de escucha
Los dos asentían y aceptaban en silencio los ofrecimientos que los educadores les hacían. «Hay gente que viene a dormir, quiere estar tranquila y no se relaciona con nadie; y otra, que busca con quien hablar. En ocasiones, los educadores hacemos una labor de escucha, además de informarles de otros recursos existentes que pueden serles de interés», declaraba la coordinadora de Neguko Aterpea.
Con la incógnita de dónde pasar la noche ya resuelta, los tres indigentes se sumían en un sueño que se prolongaría hasta las ocho de la mañana, momento en que habrían de regresar a su deambular diario por la ciudad. María Romero recordaba que «todos pueden tomar un desayuno preparado a base de café, té o cola cao con galletas, pero a las nueve tienen que irse, porque cerramos las puertas y no las volvemos a abrir hasta la noche siguiente».
Cerca de 300 personas accedieron el último invierno a este servicio que, según explica la concejal de Bienestar Social de San Sebastián, Susana García Chueca, se mantendrá en funcionamiento hasta el 31 de marzo. «El año pasado se contabilizaron más de 4.300 pernoctaciones. La mayor parte de éstas correspondían a ciudadanos procedentes del Norte de África, seguidos de los de Gipuzkoa y, en tercer lugar, los llegados del resto del Estado», concluye.