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RSS | ed. impresa | Regístrate | Miércoles, 22 octubre 2014

Gipuzkoa

CIENCIA

Iniciativas como la Fundación Ikerbasque están atrayendo al País Vasco a investigadores de primer nivel. Tres de ellos cuentan su experiencia en Gipuzkoa

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DV. De la fuga a la captación de cerebros. El País Vasco está emergiendo como un polo científico que está atrayendo a investigadores de primera línea. Iniciativas como la Fundación Ikerbasque, que desde 2007 se dedica a aportar savia nueva al sistema vasco de ciencia, permiten fichar a 'talentos' con una más que acreditada trayectoria. Tres del medio centenar de investigadores contratados nos abren sus despachos y sus casas para hablar de su trabajo y de su vida en Gipuzkoa.
RONEN ZANGI
Químico israelí
«Preferimos la sociedad europea a la norteamericana»
Un anuncio en la prestigiosa revista Nature cambió el rumbo de la vida familiar de los Zangi. Ronen, israelí de 38 años, doctor en Química por la Universidad de Chicago e investigador en la de Columbia, nunca había oído hablar de Ikerbasque ni conocía el País Vasco. «Pero me pareció interesante. Lo pasamos muy bien durante los años que vivimos en Nueva York, pero queríamos venir a Europa, porque creíamos que el estilo de vida estadounidense no era el mejor para nosotros». Y lo que ponía en aquel anuncio tenía muy buena pinta.
Zangi habla en plural mientras mira a su mujer holandesa, Marlijn, y a su hija Frieda. Nació en julio en Holanda. «La crianza de los hijos tuvo un gran peso en esa decisión de cambio. En Nueva York hay muchísimas cosas, pero el estilo de vida es competitivo. Es una sociedad más individualista».
Hace varios meses se incorporó al Departamento de Bioquímica y Biología Molecular de la UPV. «Desde el principio los colegas me echaron una mano con el papeleo, me ayudaron a instalarme e iniciar mi proyecto de investigación». Su trabajo consiste en «intentar entender el comportamiento químico de procesos biológicos que están relacionados con enfermedades como el cáncer». Lo explica de la forma más sencilla posible, siguiendo la petición de la periodista, en una conversación trufada de vocablos como ADN, células, proteínas, interacción, inhibidores...
Todo esto contribuirá al diseño de drogas que nos ayuden a combatir enfermedades. Su investigación es de momento teórica, llevada a cabo a través de simulaciones en el ordenador. Para ello, de vez en cuando se traslada a Bilbao, «donde hay una supercomputadora. La verdad es que el nivel de infraestructuras con las que me he encontrado es alto. Tengo todo lo que necesito».
Zangi habla de sus investigaciones sentado en el sofá de su apartamento, situado en el centro de San Sebastián. «Es una ciudad muy agradable y bonita. La gente es maja, lo notas enseguida». Su mujer, que acude a una academia para aprender castellano, lo corrobora rememorando el episodio del apagón. «Un día nos quedamos sin luz. Y vinieron los vecinos a ayudarnos. Son muy amables».
También hablan de una ciudad «elegante» y «accesible», en la que puedes pedalear hasta el trabajo, pasear a Frieda en el carrito por calles peatonales «o depende del trabajo que tengas venir a comer a casa y estar con la niña un rato». Así no sorprende que, una vez acostumbrados a la siesta de los fines de semana, respondan con un «no hay planes de cambio» a la pregunta de hasta cuándo tienen intención de quedarse.
ILYA TOKATLY
Físico ruso
«En mi grupo hablamos en inglés, la mayoría somos extranjeros»
Cuando se habla de investigadores de nanoestructuras y de física cuántica, es posible caer en el error de imaginarse a un señor en bata blanca manipulando sofisticados artilugios en laboratorios a la última. Pues no. El tópico se diluye como un azucarillo en uno de los despachos del centro Joxe Mari Korta, donde Ilya Tokatly muestra sus rudimentarias herramientas de trabajo: folios en blanco y un rotulador negro. «Aquí investigamos los materiales, analizamos las propiedades de los sólidos, las moléculas, cómo se comportan, cómo interactúan...». Investigación básica plasmada en fórmulas y ecuaciones que puede tener aplicaciones futuras en forma de nuevos medicamentos, por ejemplo, o componentes elaborados con materiales de nuevas propiedades y menor tamaño.
Este ruso de 42 años, doctor en Física por el Instituto de Tecnología Electrónica de Moscú, participa en el proyecto European Theoretical Spectroscopy Facility (ETSF), formado por distintos grupos de investigadores diseminados por el viejo continente y mediante el cual entró en contacto con San Sebastián. «Mis colegas me hablaron de la convocatoria de Ikerbasque. Llevaba 9 años en Alemania y me presenté». Y así, en enero, se incorporó al Departamento de Física de Materiales de la Facultad de Química de la UPV.
Su mujer e hija llegaron a finales de agosto a una ciudad «preciosa. El entorno es importante y es muy agradable poder venir andando desde casa -vive en la Parte Vieja- hasta el trabajo». En Ibaeta transcurren esas jornadas que se pueden alargar hasta las 12 horas. Se queda a comer en el campus: «Es que la comida aquí es muy buena. Definitivamente, mucho mejor que en Alemania».
La adaptación de su familia no es mala si se tiene en cuenta la inmensa barrera comunicativa que supone no hablar castellano. «Mi hija se queja de que todavía no habla español. Creo que ya lo entiende». Menos mal que en Donostia hay un Colegio Alemán, donde la ha matriculado. «Sus lenguas maternas son el alemán y ruso. También habla inglés y francés». No está mal para tener 15 años.
A Tokatly le cuesta soltarse con el castellano. El entorno tampoco es del todo proclive. «En el grupo somos unos quince y sólo dos son de aquí». Gobernar la torre de babel de las distintas nacionalidades es mucho más sencillo en inglés, idioma en el que le sorprendemos hablando, a la hora convenida para la entrevista, con un colega italiano que investiga en Suiza. Y lo hace con un auricular manos libres, de esos que emplean las personas que pasan mucho tiempo al teléfono. La investigación no entiende de fronteras físicas. «Y en el País Vasco hay un nivel alto», confirma.
Aunque ni mucho menos la vida del investigador es un camino de rosas: «Es muy duro, porque no tienes el futuro garantizado. Por eso los jóvenes optan por salidas más seguras, como la industria. Aunque es cierto que los que se quedan en investigación lo hacen muy motivados». Él tiene un contrato indefinido, pero tuerce la cara cuando se imagina a su hija siguiendo sus pasos: «No le aconsejaré que se dedique a esto».
DURK GORTER
Sociolingüista holandés
«Voy al euskaltegi dos veces por semana»
«Kaixo». Durk Gorter nos saluda en euskera, aunque optamos por el inglés para la entrevista. Con los compañeros del Departamento de Teoría de Historia de la Educación de la UPV procura hablar en español, «para mejorarlo», y en las estanterías de su despacho hay apilados libros en holandés y frisón e informes en francés. Seguro que hay algún escrito en alemán, otro de los idiomas en el que se defiende este estudioso del multilingüismo.
Aunque habitualmente la generación de conocimiento se asocia a las ciencias experimentales o técnicas, las humanidades y ciencias sociales también se fortalecen con la investigación. Gorter, holandés de 55 años, doctor en Humanidades por la Universidad de Amsterdam y catedrático de Sociolingüística de la misma institución educativa, es un claro ejemplo.
Llegó a San Sebastián en enero, después de un «competitivo» proceso de selección de la mano de Ikerbasque. «Ya había estado aquí antes y tenía conocidos. Lo vi como una buena oportunidad de cambio de vida». De dejar las tareas de profesor que le llevaban desde su provincia de origen, Frisia, a la capital holandesa en viajes de tren de dos horas y media a centrarse exclusivamente en la investigación, tarea en la que lleva embarcado tres décadas.
Sus esfuerzos se vuelcan, en estos momentos, en continuar con los trabajos plasmados en el libro Linguistic landscape, donde se retratan los paisajes lingüísticos por los que transcurre nuestra vida cotidiana. Monolingüismo, bilingüismo, multilingüismo... centran los trabajos de Gorter, quien también estudia la relación entre la educación y el uso de más de una lengua. «Aquí se aprecia bien, con niños que aprenden en un idioma y luego usan otro o lo mezclan fuera de clase».
¿Qué valor tiene dominar más de un idioma? «Es otra de las cosas que queremos averiguar. Hay estudios que evalúan el valor de vivir en una ciudad con una playa bonita. Pues se podría hacer con el multilingüismo. Un valor directo es pensar que con dos idiomas obtendrás un trabajo mejor remunerado que con uno. Pero puede haber también valores indirectos, como poder disfrutar de distintas culturas y literaturas...».
Las comparaciones entre el frisón y el euskera son recurrentes. Y también que le pregunten sobre el futuro de los dos idiomas. «Tengo dos respuestas y ninguna es científica. Como aquí las esquelas, en Frisia se publicita también el nacimiento de un hijo. Los padres ponen anuncios, y si lo hacen en frisón y le ponen nombres frisones asumo que crecerán en esa lengua. Y si la expectativa de vida es de 80 años, pues ese tiempo más que vivirá el idioma. La segunda respuesta es: si comparamos el dinero que se destina al estudio de idiomas con el que se invierte en las previsiones meteorológicas, si se falla tanto con el tiempo que hará dentro de tres días, ¿cómo podemos ser capaces de anticipar lo que pasará con un idioma dentro de muchos años? No lo sabemos, depende de muchas cosas, aunque al final es una cuestión de actitud de la gente, de las oportunidades de usarlo, de los inputs...».
Los que él recibe le animan con las dos clases semanales en el euskaltegi Urumea. «Somos doce en clase y la mitad extranjeros». Reconoce que con este ritmo es difícil progresar con rapidez en el conocimiento del euskera, pero en esas anda.
Mientras tanto, se confiesa «contento» del estilo de vida donostiarra, que le permite ir caminando desde su casa de El Antiguo a la facultad. ¿Y la bicicleta, tan usada en Holanda? «Aquí se nota que no están acostumbrados. Ciclistas, peatones y conductores no saben convivir bien». ¿Cuál es la receta? «Los ciclistas que van por la acera tienen que ir más despacio y los peatones caminar siempre recto, para que los ciclistas les puedan esquivar. En la carretera hay mucho peligro. En Holanda los conductores son muy cuidadosos, porque pase lo que pase el ciclista, aunque se lance encima, siempre tienen razón».
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