DV. Muchas personas que pasean por la avenida de Ategorrieta, a la altura de Jai Alai, llevan viendo desde hace tiempo una estructura metálica y acristalada, como si fuese una cabina de teléfonos, sin saber qué hay en su interior y que siempre tiene la puerta cerrada. Pues se trata de un váter de uso exclusivo de los conductores de los autobuses de la Compañía del Tranvía de San Sebastián. Es el único que existe en la ciudad para este colectivo y al mismo solo pueden acceder los chóferes de las líneas que circulan por este punto, que no son muchas.
Junto al váter hay una parada fija de autobús para las líneas 17 (Gros-Amara) y 40 (Gros-Igara) y pasan la 33 (Larratxo-Igara) y la 14 (Bidebieta). Si el chófer de uno de estos autobuses tiene necesidad de orinar, detiene el vehículo, se baja, hace uso del váter, y vuelta al volante. Todos los conductores tiene la llave que abre la puerta, por lo que sólo ellos pueden hacer uso de este necesario servicio.
Sin embargo, no todas las líneas pasan por este punto y los conductores solo disponen de un váter propio en toda la ciudad. Algunos conductores reclaman que se coloque un urinario en cada final y comienzo de trayecto. «Hay un turno -explica un conductor-- que dura 4 horas y cuarenta minutos, es el máximo, pero en ese tiempo tienes que ir obligatoriamente a orinar a algún sitio. Si no pasas por Jai Alai no te queda más remedio que entrar en un bar y pedir permiso para orinar, pero eso no es plan, ya que hay gente a la que le da corte o te ves obligado a consumir algo».
Cuando el autobús llega al Boulevard los conductores bajan del vehículo y acuden a los váteres existentes en parking subterráneo. «Si andas muy apurado no te queda más remedio y confías en que nadie meta la mano en la caja del dinero», dice un conductor.
Sin embargo, hay recorridos que no tienen váteres a su alcance. Es el autobús que sale de Ategorrieta y finaliza el recorrido en Mendi Gain. «Aquí no tienes ninguna opción para orinar en ningún lado porque no hay bares junto a ninguna parada», explican.
Esta situación se convierte en ocasiones en un serio problema, y en alguna ocasión ante la imperiosa necesidad de orinar, el conductor bajó del autobús y orinó discretamente junto a la rueda del vehículo. Esta actitud fue denunciada por una usuaria a la dirección , que a su vez amonestó al conductor.
«Cuando vamos a iniciar el servicio -explica un conductor- pensamos el trayecto que nos toca y lo primero que hacemos es orinar en Cocheras o en el punto donde cogemos el vehículo. Sabes el recorrido y las opciones que tienes para poder orinar a corto plazo. Al final se convierte en una obsesión que tenemos a diario. Te tienes que programar la meada».
Otro chófer explica que suele beber agua continuamente, pero en función del trayecto que tenga que realizar no prueba ni una gota hasta que calcula cuándo le toca dar la última vuelta al circuito que realiza ese día. «En una ocasión no podía aguantar más, y como iba sin viajeros, paré donde pude, y tuve que orinar junto a la rueda. En un apuro tenemos cierta ventaja ya que las conductoras no tienen la misma facilidad que nosotros para orinar junto a la rueda».